MISA DOMINICAL TRECE TV | S. I. Catedral Primada de Toledo | 28/09/2025
[Música] Cristo ayer y Cristo hoy. Cristo siempre seor. [Música] Dios me [Música] soy. [Música] Gloria al Señor. Amos a él, a sus promesas, siempre fiel, siempre dispuesto a perdonar. Su amor nos da. Amén. Aleluya. Cristo [Música] y Cristo Cristo siempre será el Señor. [Música] Dios eres me ha llamado aquí. [Música] En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. La paz esté con vosotros. Espíritu. Queridos hermanos, celebramos el 26º domingo del tiempo ordinario. Comenzamos nuestra celebración invocando la misericordia de Dios Padre y pidiendo perdón por nuestros pecados. Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante vosotros, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión. Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. Por eso ruego a Santa María siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a vosotros, hermanos, que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor. Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna. [Música] Cristo [Música] [Aplausos] [Música] Crist [Aplausos] [Música] [Música] [Aplausos] [Música] [Música] Gloria a Dios en el cielo y en la tierra. paz a los hombres que ama el Señor. Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso, Señor Hijo único Jesucristo, Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre, tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros. Tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica. Tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros, porque solo tú eres santo, solo tú, Señor, solo tu altísimo Jesucristo, con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre. Amén. Oremos. Oh Dios, que manifiestas tu poder, sobre todo con el perdón y la misericordia, aumenta en nosotros tu gracia para que aspirando a tus promesas nos hagas participar de los bienes del cielo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Lectura de la profecía de Amó. Esto dice el Señor omnipotente. Hay de aquellos que se sienten seguros en Sion, confiados en la montaña de Samaría, se acuestan en lechos de marc. Se arrellanan en sus divanes, comen corderos del rebaño y terneros del establo. Tartamudean como insensatos e inventan como David instrumentos musicales. Beben el vino en elegantes copas. Se ungen con el mejor de los aceites, pero no se conmueven para nada por la ruina de la casa de José. Por eso irán al destierro, a la cabeza de los deportados y se acabará la de los disolutos. Palabra de Dios. [Música] Alaba alma mía. al Señoría al Señor. El Señor mantiene su fidelidad perpetuamente. Hace justicia a los oprimidos. Da pan a los hambrientos. El Señor liberta los cautivas. [Música] Señor, el Señor abre los ojos al ciego. [Música] El Señor endereza los que ya se doblan. El Señor ama las justas. El Señor guarda las peregrinas. [Música] Alabía al Señor. Sustenta al huérfano y a la viuda y trastoman el camino de los malvados. El Señor reina eternamente. Tu Dios deedad. [Música] Alá mía al Señor. [Música] Lectura de la primera carta del apóstol San Pablo a Timoteo. Hombre de Dios, busca la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre. Combate el buen combate de la fe, conquista la vida eterna a la que fuiste llamado y que tú profesaste noblemente delante de muchos testigos. delante de Dios que da vida a todas las cosas y de Cristo Jesús, que proclamó tan noble profesión de fe ante Poncio Pilato, te ordeno que guardes el mandamiento sin mancha, reproche hasta la manifestación de nuestro Señor Jesucristo, que en el tiempo apropiado mostrará el bienaventurado y el único soberano, rey de los reyes y señor de los señores, el único que posee la inmortalidad, que habita una luz inacceble, a quien ningún hombre ha visto ni puede ver. A él honor y poder eterno. Palabra de Dios. [Música] Aleluya, aleluya, [Música] aleluya, [Música] aleluya, [Música] aleluya. Aleluya. [Música] Aleluya. [Música] Jesucristo, siendo rico se hizo pobre para enriqueceros con su pobreza. [Música] Aleluya, aleluya, aleluya. [Música] El Señor esté con vosotros. Y con tu espíritu. Lectura del santo evangelio según San Lucas. Gloria a ti, Señor. En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos, “Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba cada día, y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal. cubierto de llagas y con ganas de saciarse de lo que caía de la mesa del rico. Y hasta los perros venían y le lamían las llagas. Sucedió que murió el mendigo y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham. Murió también el rico y fue enterrado. Y estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantó los ojos y vio de lejos a Abraham y a Lázaro en su seno. Y gritando, dijo, “Padre Abraham, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas.” Pero Abraham le dijo, “Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en tu vida y Lázaro a su vez males. Por eso ahora él es aquí consolado, mientras que tú eres atormentado. Y además entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso para que los que quieran cruzar desde aquí hacia vosotros no puedan hacerlo, ni tampoco pasar de ahí hasta nosotros. Él dijo, “Te ruego entonces, Padre, que le mandes a casa de mi padre, pues tengo cinco hermanos, que les dé testimonio de estas cosas. No sea que también ellos vengan a este lugar de tormento. Abraham le dice, “Tienen a Moisés y a los profetas que los escuchen.” Pero él le dijo, “No, padre Abraham, pero si un muerto va a ellos, se arrepentirán.” Abraham le dijo, “Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no se convencerán ni aunque resucite un muerto.” Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús. Já. Ilustrísimo Señor penitenciario de esta Santa Iglesia Catedral Primada, sacerdote concelebrante, ilustrísimo señor prefecto de liturgia de esta Iglesia Catedral. Queridos hermanos y hermanas, los que participáis con nosotros en esta Eucaristía y aquellos que lo hacen a través de nuestro canal Diocesano de Televisión y nuestra emisora diocesana de radio, Radio Santa María. Como decíamos, al comienzo de la celebración, celebramos este 26º domingo del tiempo ordinario y la liturgia de la palabra nos repite un mensaje, una reflexión, una línea de acción que ya veíamos el domingo pasado, que es precisamente la relación con los bienes materiales, con las riquezas. Hemos escuchado también este domingo un pasaje del profeta Amó, un profeta del siglo octavo, unos 800 años antes de Jesucristo, que es enviado al reino de Israel, al reino del norte. La tierra prometida se había dividido después de la muerte de David en dos reinos. El reino del norte con capital en Samaría, el reino del sur con capital primero en Hebrón, luego en Jerusalén. y es enviado a denunciar la falta de fe que se manifestaba en ese apegarse a las riquezas materiales que se vivía en el reino del norte. una denuncia que hace el profeta Amó en nombre del Señor y una advertencia porque esa falsa seguridad que tenían el reino del norte, falsa seguridad militar, falsa seguridad política, falta falsa seguridad económica que les llevaba a vivir el día a día, al vivir lo inmediato, sin preocuparse de otras horizontes, incluso de carácter religios. de carácter teológico. Les anuncia el profeta que eso va a acabar. Les dice, “Seréis llevados al exilio y vosotros,” se refería a la a los dirigentes, vais a ir a la cabeza de ese exilio. Efectivamente, unos 50 años después del oráculo del profeta, se produce el fin del reino de Israel, del reino del norte, y son llevados deportados a Babilonia. Y esa seguridad aparente que daban las riquezas, que daban el bienestar, desaparecen del todo. Esa misma línea de reflexión sobre nuestra relación con las riquezas que también nos recordaba el evangelista Lucas el domingo pasado, es la que se nos presenta en este evangelio que hemos escuchado. Jesús dice que ofrece una parábola a los fariseos. Una parábola es una enseñanza, una historia que Jesús inventa para transmitir un mensaje. Así transmitía Jesús sus enseñanzas. no hacía lecciones magistrales, no hacía conferencias, sino que se servía de enseñanzas, de ejemplos, de analogías, de alegorías para transmitar, digamos, hoy con un lenguaje nuestro, podríamos decir, de catequesis, más o menos, para transmitir su enseñanza. Y en esta parábola, como en otras, la del hijo pródigo, etcétera, lo de menos es si de verdad existió el personaje de Lázaro y del rico, porque lo importante es la enseñanza que Jesús nos quiere transmitir. Pero son importantes los detalles en la narración que Jesús utiliza. Hay dos personas con una situación existencial radicalmente distinta. Un rico, el evangelio no dice el nombre. Luego algunos autores o la tradición ha puesto esta parábola el nombre del rico Epulón. Epulón significa que era uno que banqueteaba, o sea, era como una descripción, un nombre propio, pero el evangelio no no le pone nombre propio, eh, es un detalle. dice un rico. Sin embargo, al pobre sí le da un nombre, Lázaro. Hay una personificación de la del pobre. Hay una darle una esa dignidad material que no tenía, puesto que dice que yacía a las puertas de de la casa del rico plagado de llagas, que los perros se le acercaban. Se la da Jesús con la dignidad del nombre, que significa que era una persona. Ponemos nombre a las personas. Entonces, hay nos recuerda ya Jesús ahí esa dignidad radical existencial que tenía el pobre llamándole por su nombre. Una diversidad de situación ante los bienes materiales que el uno derrochaba y que el otro no tenía. Una situación de desigualdad y podríamos decir también de injusticia. mueren los dos y después de esa muerte hay una diferencia de destino para el uno y para el otro. El pobre va al seno de Abraham, la concepción de los judíos, digamos que era lo que hoy podíamos calificar como el cielo, es decir, esa comunión con Abraham y con Dios. y el otro va al infierno. El otro va al infierno. Hay unos símbolos. No pretende Jesús ni mucho menos hacer una descripción, una geografía del más allá. Son signos y son símbolos, pero hay esa diferencia de suerte, de retribución entre el uno y el otro. Y entonces el rico dándose cuenta de la situación en la que está, le pide dos favores. Uno, que le sacen esa sed que tenía. Esa materialidad de riqueza se convierte en una precariedad e implora un poco de agua. Y por otra parte le pide una cuestión para advertir a sus hermanos, ¿no? Que mande a Lázaro para advertir a los hermanos. Y la clave está también en la respuesta que le da Abraham. Tienen a Moisés y a los profetas, es decir, la ley. Moisés, la ley y los profetas, la palabra de Dios para los judíos. Y también aquí hay una advertencia que no tenemos que buscar hechos extraordinarios para nuestra conversión y buscar algo que trasciende lo normal. Nosotros, para garantizar nuestra vida de adhesión a la fe, a la fe en Jesús, a la fe en Dios nuestro Padre, tenemos la palabra de Jesús en el Nuevo Testamento, también en el Antiguo, como preparación del nuevo y tenemos los sacramentos, tenemos la vida de la iglesia. Es ahí donde tenemos que tratar de acompasar nuestra existencia con la existencia que Jesús nos pide. Pues esa parábola del rico y del pobre Lázaro se podría igualmente la podría haber predicado igualmente Jesús hoy en nuestro en 2000 años después de Jesús. También se podría decir, ¿no? Porque a nivel personal, pero a nivel comunitario también, a nivel social, si quieren, a nivel internacional, también hay países que están como el rico o que estamos como el rico y otros países también y significa hombres y mujeres que están como Lázaro pidiendo las migajas que caen de lo que nosotros, digo, nosotros en un sentido amplio, ¿no? como el llamado primer mundo, sociedad del bienestar, pues derrochamos o tiramos. No podemos olvidar lo que más le perjudicó a ese rico, ¿saben cuál fue? Más aún que las riquezas, el desprecio a la dignidad del que tenía a su puerta, el no reconocer la dignidad de esa persona, de ese hombre. En tantos ámbitos de nuestro planeta tenemos personas que les falta lo necesario para vivir, para existir, que imploran también esa gota de agua para poder pues tener sus necesidades cubiertas. Pero también tenemos aquí tenemos al al delegado diocesano de Cáritas que es don José Luis, aparte de prefecto de liturgia, nuestro delegado diocesano de Cáritas. Y aquí tenemos también esos llamados cuartos mundos insertados, incrustados en nuestras sociedades del bienestar y de garantía del estado del derecho y del estado social que viven en la marginalización, que ven la marginalidad muy cerca de nosotros, incrustado en nuestras ciudades, en nuestros pueblos, etcétera, ¿no? Y son esa imagen también esa actualización, esa contemporanización de esa parábola del rico, del rico y del pobre Lázaro. Y del pobre Lázaro. ¿Cómo hemos de vivir? ¿Cómo hemos de actuar? Recurriendo a la palabra de Dios, recurriendo a la enseñanza de Jesús. Nos lo decía Pablo en la segunda lectura que de la carta, primera carta a Timoteo, nos daba una serie de recomendaciones prácticas de actuación. Precisamente en la relación con los demás. En definitiva, todas se resumen, todas se resumen a dos actitudes, a dos actitudes. O una actitud de egoísmo, de egoísmo a la que se llega desde una autosuficiencia personal de pensar que lo tenemos todo, que lo sabemos todo, que somos más listos que nadie, que somos mejores que nadie. Y eso no lleva un egoísmo de pensar en uno mismo. Un egocentrismo, un egocentrismo del que nuestra sociedad y cultura actual cosas positivas tiene parece que invita y parece que alienta. ¿Qué te importa lo demás? Disfruta, come, bebe, disfruta con de tus vacaciones, piensa en el fin de semana, qué bien te lo vas a pasar. piensa en ti. No te rayes bien con los demás y con la vida de los demás. Egocentrismo, egoísmo y el reverso de esa moneda que es vivir en una actitud de compartir, de solidaridad, de caridad con lenguaje eclesial, de ver en el otro a un hermano y de pensar también en las necesidades del otro. El egoísmo lleva a la soberbia, a la autosuficiencia y para tratar con Dios hace falta la humildad. La humildad de sentirnos contingentes, la humildad de sentirnos necesarios, la humildad de saber que no somos supermanes ni Superwoman, que necesitamos la ayuda de Dios y la ayuda de los demás. Y la ayuda de los demás. Pues pidámosle al Señor que nos conceda la actitud de confianza en él, como Lázaro, que asumamos los criterios que nos invitaba Pablo en su carta y que desterremos de nosotros el centrar nuestras vidas solamente en la riqueza, en el pasarlo bien, excluyendo y olvidando a los demás. Profesemos la fe que hemos recibido en el bautismo. Creo en Dios, Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único hijo, nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia Católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén. Oremos al Señor nuestro Dios. Él hace justicia a los oprimidos para que la Iglesia sepa dar eh a sus bienes un destino pastoral y social. Roguemos al Señor. Te rogamos, óyenos. para que los economistas en la ejecución de sus planes no pierdan nunca de vista el desarrollo integral de la persona. Roguemos al Señor. Te rogamos, óyenos. Para que los ricos de nuestras sociedades opulentas, refinadas castigan en la caigan en la cuenta de los pobres Lázaros que están a la puerta de sus banquetes esperando sus migajas. Roguemos al Señor. Te rogamos, óyenos. para que no se endurezca nuestro corazón y seamos sensibles a la llamada de Dios a través de los pobres de este mundo. Roguemos al Señor. Te rogamos, óyenos. Enséñanos, Señor, a ser misericordiosos guardando el mandamiento de tu hijo sin mancha ni reproche y así alcancemos tu misericordia. por Jesucristo nuestro Señor. [Música] Orad, hermanos, para que este sacrificio mío y vuestro sea agradable a Dios Padre todopoderoso. Señor, recibe de tus manos este sacrificio para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y de toda su santa Iglesia. Concédenos, Dios de misericordia, aceptar esta ofrenda nuestra y que por ella se abra la fuente de toda bendición. Por Jesucristo nuestro Señor. El Señor esté con vosotros. Levantemos el corazón. Demos gracias al Señor, nuestro Dios. Es justo y necesario. En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro, quien por su misterio pascual realizó la obra maravillosa de llamarnos de la esclavitud del pecado y de la muerte, al honor de ser estirpe elegida, sacerdocio real, nación consagrada, pueblo de su propiedad, para que trasladados de las tinieblas a tu luz admirable ante el mundo tus maravillas. Por eso, con los ángeles y arcángeles, tronos y dominaciones y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria. Santos, [Música] santos, [Música] santusinus [Música] [Música] [Música] et [Música] Hosan [Música] mi [Música] [Música] en [Música] santo eres en verdad, Señor, fuente de toda santidad. Por eso te pedimos que santifiques estos dones con la efusión de tu espíritu, de manera que se conviertan para nosotros en el cuerpo y la sangre de Jesucristo, nuestro Señor, el cual, cuando iba a ser entregado a su pasión voluntariamente aceptada, tomó pan, dándote gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos diciendo, “Tomad y comed todos de él, porque esto es mi cuerpo que será entregado por vosotros. Del mismo modo, acabada la cena, tomó el cáliz y dándote gracias de nuevo, lo pasó a sus discípulos diciendo, “Tomad y bebed todos de él, porque este es el cáliz de mi sangre, sangre de la alianza nueva y eterna que será derramada por vosotros y por muchos para el perdón de los pecados. Haced esto en conmemoración mía. Este es el sacramento de nuestra fe.Amos tu muerte, proclamamos tu resurrección. Ven, Señor Jesús. Así pues, Padre, al celebrar ahora el memorial de la muerte y resurrección de tu Hijo, te ofrecemos el pan de vida y el cáliz de salvación. y te damos gracias porque nos haces dignos de servirte en tu presencia. Te pedimos humildemente que el Espíritu Santo congregue en la unidad a cuantos participamos del cuerpo y la sangre de Cristo. Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí en el domingo, día en que Cristo ha vencido a la muerte y nos ha hecho partícipes de su vida inmortal. y con el Papa León, con nuestro obispo Francisco, su obispo auxiliar Francisco César, que nos preside, y todos los pastores que cuidan de tu pueblo, llévala a su perfección por la caridad. Acuérdate también de nuestros hermanos que durmieron en la esperanza de la resurrección y de todos los que han muerto en tu misericordia. Admítelos a contemplar la luz de tu rostro. Ten misericordia de todos nosotros y así con María, la Virgen, Madre de Dios, su esposo San José, los apóstoles y cuantos vivieron en tu amistad a través de los tiempos, merezcamos por tu hijo Jesucristo compartir la vida eterna y cantar tus alabanzas. Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios, Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos. Cada vez que celebramos la Eucaristía, nos acercamos con humildad y con pobreza a Jesús para que él se convierta en nuestro alimento. Su presencia nos fortalece para seguir adelante en nuestro camino de fe. Por eso decimos juntos la oración que Jesús nos enseñó. Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día. Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo. Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria por siempre, Señor. Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles, “La paz os dejo, mi paz os doy. No tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia. y conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. La paz del Señor esté siempre con vosotros. Daos fraternalmente la paz. La paz contigo. [Música] mi [Música] D [Música] Este es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor. Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanar. [Música] Sí, [Música] en la ocasión de Señor. [Música] tu fuego y sangre fruto de tu amor Jesús el [Música] suado [Música] con nosotros en tu amor. [Música] Tom [Música] Gloria [Música] y mi sangre derramada [Música] para nuestra redención. [Música] Dios deos [Música] y presionar [Música] al Señor los que buscan en la fe. Amén. [Música] Oremos. Señor, que el sacramento del cielo renueve nuestro cuerpo y espíritu, para que seamos coherederos en la gloria de aquel cuya muerte hemos anunciado y compartido. Él que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén. El Señor esté con vosotros. Con tu espíritu. Bendito sea el nombre del Señor ahora y por todos los siglos. Nuestro auxilio es el nombre del Señor y la y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros y os acompañe siempre. Podéis ir en paz. [Música] Salve regina materia [Música] [Aplausos] [Música] salve [Música]