🏃🏻La excelencia del conocimiento de Cristo – [12-10-2025] a las 11 🕚

[Música] Salmo 29 y dos. Salmo 29 1 y 2. Tributad al Señor, hijos de los poderosos. Dad al Señor la gloria y el poder. Dad al Señor la gloria de vida a su nombre. Adorad al Señor en la hermosura de su santidad. Gracias, Señor, porque tú eres una persona llena de gloria, llena de poder, Señor. Gracias porque entendemos, Señor, que todo lo que tú nos has dado es tuyo, Señor, y nada depende de nosotros, Señor. Gracias porque hoy estamos aquí para seguir dándote el culto que hemos venido dando desde el lunes, Señor, en nuestras vidas, en nuestra casa, en nuestro trabajo, Señor, en nuestro momento diario, en nuestras 24 horas del día, Señor. Y hoy es el culto comunitario en el cual compartimos con nuestros hermanos una misma fe, un mismo bautismo y una misma creencia que es Jesús hecho hombre, muerto y resucitado al tercer día y ascendido en los cielos. Señor, gracias por la vida de cada uno de mis hermanos que están aquí, los que están viéndonos desde el directo, Señor, y te pedimos que tú nos bendigas y nos guardes en estos días. Nombre de Jesús. Amén. Bueno, pues bienvenidos a todos. Ya todos somos de casa. Así que sentiros bienvenidos y bueno, sin más vamos a dar el tiempo eh paso al tiempo de alabanza. Buenos días. Vamos a ponernos en pie y vamos a empezar leyendo en el salmo 100. Cantad alegres a Dios. Habitantes de toda la tierra, servid a Dios con alegría. Salmo 100. Sí. Cantad alegres a Dios, habitantes de toda la tierra. Servid a Dios con alegría. Venid ante su presencia con regocijo. Reconoced que Jehová es Dios. Él nos hizo y no nosotros a nosotros mismos. Pueblo suyos somos y ovejas de su prado. Entrad por sus puertas con acción de gracias, por sus atrios con alabanza. Alabadle, bendecid su nombre, porque Jehová es bueno, para siempre es su misericordia y su verdad por todas las generaciones. Os quiero invitar a a que empecemos a cantar a Dios en esta mañana con el corazón. con la boca y con la mente, teniendo presente y siendo muy conscientes de lo que cantamos de toda la letra. Creo en ti. Perdón al que es digno. [Música] Al que es digno de recibir la gloria, al que es digno de recibir honor. [Música] Al que es digno de recibir la gloria, al que es digno de recibir honor. Levantemos nuestras manos y adoremos a Jesús, cordero de gloria, y exaltemos su incomparable majestad al que vive por siempre, al gran yo soy, a Jesús. Al que es digno de recibir la gloria. Al que es digno de recibir el honor. Al que es digno de recibir la gloria. al que es digno de recibir el honor. Levantemos nuestras manos y adoremos a Jesús, cordero de gloria, y exaltemos su incomparable majestad, al que vive por siempre, al gran yo soy, a Jesús. Levantemos nuestras manos y adoremos a Jesús, cordero de gloria, y exaltemos su incomparable majestad. Al que vive por siempre, al gran yo soy, al que vive por siempre. Al gran yo soy, al que vive por siempre. Al gran yo soy, a Jesús. [Música] Creo en ti, Jesús. [Música] Quiero levantar a ti mis manos. [Música] Maravilloso Jesús, milagroso Señor, [Música] llena este lugar de tu presencia y haz descender tu poder a los que estamos aquí. Creo en ti, Jesús, y en lo que harás en mí. Creo en ti, Jesús, y en lo que harás en mí, en mí. En mí. [Música] Recibe toda la gloria, recibe toda la honra. Precioso hijo de Dios, recibe toda la gloria, recibe toda la honra. Precioso hijo de Dios, quiero levantar a ti mis manos. Maravilloso Jesús, milagroso Señor, llena este lugar de tu presencia y haz descender tu poder a los que estamos aquí. Creo en ti, Jesús. [Música] Lo que harás en mí. Creo en ti, Jesús. Que lo que ha en mí en mí. en mí. Recibe toda la gloria, recibe toda la honra. Precioso hijo de Dios, recibe toda la gloria, recibe toda la honra. Precioso hijo de Dios, creo en ti, Jesús. Creo en ti, Jesús, [Música] y lo que en mí. Creo en ti, Jesús, y en lo que harás en mí, en mí, en mí. Recibe toda la gloria, recibe toda la honra. Precioso hijo de Dios, recibe toda la gloria, recibe toda la honra. Precioso hijo de Dios, creo en ti. Creo en ti, Jesús. ¿Quién lo quiera? En mí. Creo en ti, Jesús, lo que harás en mí. Os invito ahora a tener oraciones de gratitud a Dios. y de alabanza [Música] porque estamos aquí reunidos loses reunidos con los hermanos constancia tan grande que tiene gracias padre por todo lo que has hecho en nosotros especialmente en mi vida. Porque te has revelado Jesús, poder ir a Gracias cada una, toda la gloria y que nosotros no pensemos en materiales, ni en la casa, ni el coche, ni lo que vamos a tener en la casa, porque todo esto papá de Dios nos nos volvió a cero a pesar para que nos diéramos cuenta que lo más importante es el como dice la canción Jesucristo hasta él no nos desampara de él que vamos a la vez que los baros del campo ni recogen ni siendan ni recogen graneros Y vuestro padre nos alimenta quiso más a nosotros, no nos ha desapagado. Llevo 3 años voy a cumplir, si Dios me permite, 3 años en este país y 3 años que mi padre celestial me ha alimentado, me ha vestido y me ha prestado para dormir, una cama cómoda, para descansar. Entonces Jesucristo basta, no más. No pongamos la fe en lo material. Pongamos la fe toda busquémoslo todo nuestro corazón. Cuidemos este salito tan grande que Dios ha dado. Cuidemos la salvación y oremos por el mundo porque el mundo se está dejando llevar de la carne, los de la carne y tenemos que buscar a papá Dios y que él sea nuestra única esperanza y que es una bendición vivir con teniéndolo a él. Lo tengo todo. No te a él. Soy la persona más desgraciada del mundo. Gracias, papá Dios, porque eres bueno y porque me amas y porque tu vida por mí en la cruz del calvario. Gracias. Damos las gracias, Señor, porque es bueno las gracias, Señor, porque tú cuidas de tus hijos, Señor. Te damos las gracias, Señor, porque solo tú eres digno de toda alabanza, de toda honra, de toda adoración. Nos postramos ante ti, Señor, reconociéndote como el único salvador de nuestras vidas, Señor. Gracias por haber llegado a nuestras vidas, nuestros corazones. Gracias, Señor, por tu obra aquí en la tierra. Gracias, Señor, porque estamos viendo tu mano obrar en esta iglesia, Señor. Gracias, Señor, porque nos permites verte, Señor. Te honramos, Señor, y nos postramos ante ti en tu nombre, Señor. [Música] [Música] Jesucristo basta. [Música] nuestros corazones. [Aplausos] [Música] [Música] hasta que conoce a su salvador. [Música] Tal y como somos nos amó. Hoy nos acercamos sin temor, tal y como somos amor. Hoy nos acercamos sin temor. Él es el agua que al beber nunca más tendremos ser. Jesucristo basta. Jesucristo basta. Mi castigo recibió y su herencia me entregó. Jesucristo basta. Jesucristo basta. [Música] Fuimos alcanzados por su gran amor. Con brazos abiertos, recibe hoy. [Música] Tal y como somos nos amó. Hoy nos acercamos sin temor, [Música] tal y como son. Somos amor. Hoy nos acercamos sin temor. Él es el agua que al beber nunca más tendremos sed. Jesucristo va a estar. Jesucristo va a estar. Mi castigo recibió. me entregó. Jesucristo basta. Jesucristo basta. [Música] Ahora hay un futuro y esperanza fiel. [Música] En su amor confiamos. Hay descanso en él. [Música] Hemos cantado que Jesús es digno de recibir nuestra gloria, nuestro honor, que a él le exaltamos, que es el cordero, es nuestro cordero de gloria. Le hemos cantado, que creemos en él, que le pedimos que reciba toda nuestra gloria, que es el precioso hijo de Dios, que es maravilloso, que es milagroso. Nuestro Señor, le hemos cantado que es le suficiente, él basta, que nuestros corazones le anhelan, que que para nosotros es insaciable, que que necesitamos conocerle. Pero realmente le conocemos al 100%. ¿Llegaremos algún día a conocerle del todo? Pues el día que estemos con él. Y mientras tanto, nuestro corazón lo anhela. Y aunque pasemos 50 años en el evangelio y conociéndole, mi deseo hoy es que sigamos anhelando conocerle de verdad, de corazón, en la intimidad. para vivir en santidad, para para que mediante ese conocimiento podamos caer a sus pies y que lo único que queramos es adorarle y agradarle. Lo único que quiero [Música] Anhelo conocerte más, vivir en santidad, [Música] en intimidad. Contigo siempre quiero estar. Tu gloria contemplar. por la eternidad. Lo único que quiero es adorarte. Lo único que quiero es adorarte. Vengo a tus pies para entregar mi corazón. Lo único que quiero es agradarte. Lo único que quiero es agradarte. Por siempre cantaré de tu amor. Amor que me rescató, que me limpió, que me da vida eterna. Tu sangre abrió el camino, nunca se cerrará. Tengo libertado, [Música] conocerte más, vivir en santidad. En intimidad. Contigo siempre quiero estar. Tu gloria contemplar [Aplausos] [Música] por la eternidad. [Música] Lo único que quiero es adorarte. Lo único que quiero es adorarte. Vengo a tus pies para entregar mi corazón. Lo único que quiero es agradarte. Lo único que quiero es agradarte. Por siempre cantaré de tu amor. Amor que me rescató, que me limpió. que me da vida eterna. Tu sangre abrió el camino. Nunca se cerrará. Tengo libertad. Lo único que quiero Lo único que quiero es adorarte. Lo único que quiero es adorarte. Vengo a tus pies para entregar mi corazón. Lo único que quiero es agradarte. Lo único que quiero es agradarte. Por siempre cantaré de tu amor. [Música] Sí, Señor. Alabamos y exaltamos tu nombre. Y gracias, Señor, porque tú nos das libertad, Señor. Ahora que tanto se habla de libertad y de libertades, tú eres el que nos das libertad, Padre, que nos has dado esa libertad en la cruz, Señor, cuando entregaste tu cuerpo, Señor. Gracias, Padre, porque en nuestros corazones, Señor, está hoy el anhelo de servirte, amarte, conocerte y estamos aquí en esta mañana, Señor, con ese deseo de servirte, de participar, Señor, en comunidad, de esa de ese de esa adoración, Señor, a ti. Y esperamos, Señor, que no sea solamente acá en comunidad, sino que esto sea, Señor, cada día de nuestras vidas, Señor, en privado, en público y aún aquí todos juntos, Señor. Que ese anhelo y ese deseo de alabarte, de adorarte y de conocerte sea diario, Señor, en nuestras vidas. Te pido, Señor, que tú bendigas este tiempo que queda de servicio, Señor, y que tú puedas hablar a nuestras vidas en el nombre de Jesús. Amén. Pueden sentarse. Y ahora nos preparamos para leer tres textos que van a ir en sintonía con la predicación. Así que el primero que vamos a leer es Mateo. Mateo capítulo 13, versículos del 44 al 46. Mateo 13 del 44 al 46. La leeré de la Reina Valera 2020. Mateo 13 del 44 al 46. Además, el reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo. Cuando alguien encuentra el tesoro, lo esconde de nuevo y gozoso por ello va, vende todo lo que tiene y compra aquel campo. También el reino de los cielos es semejante a un comerciante que buscaba buenas perlas y que habiendo hallado una gran una de gran precio, fue y vendió todo lo que tenía y la compró. El siguiente texto lo lo encontramos en Romanos 6 del 1 al 14. Romanos 6 del 1 al 14. Entonces, ¿qué diremos? ¿Seguiremos pecando para que la gracia crezca? De ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él? ¿O no sabéis que todos los que somos bautizados en Cristo Jesús somos bautizados en su muerte? Porque por el bautismo somos sepultados juntamente con él en su muerte, para que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros vivamos una vida nueva. Porque si hemos sido plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección. Sabemos que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él para que el cuerpo del pecado sea destruido y que no sirvamos más al pecado. Porque el que ha muerto, porque el que ha muerto ha sido liberado del pecado. Y si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él, pues sabemos que Cristo, como ha resucitado de los muertos, ya no volverá a morir. La muerte ya no tiene dominio sobre él. Cuando murió el pecado murió una vez y para siempre, pero ahora vive. Pero ahora que vive, para Dios vive. Así también vosotros, considerados muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro. Por lo tanto, que el pecado no reine en vuestros cuerpos mortales para obedecerlo en sus malos deseos. Tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumento de iniquidad, sino presentados vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos. y presentad vuestros miembros a Dios como instrumento de justicia, porque el pecado ya no tendrá dominio sobre vosotros, pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia. Y el siguiente texto lo encontramos en Colosenses 3 del 1 al 17. Colosenses 3 del 1 al 17. Así pues, si habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la derecha de Dios. Poned la mirada en las cosas del cielo, no en las de la tierra, porque habéis muerto y vuestra vida está escondida en Cristo, con Cristo en Dios. Cuando Cristo en vuestra vida se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria. Por lo tanto, haced morir todo lo que hay de inmundo en vosotros. Inmoralidad sexual, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría. Por estas cosas viene la ira de Dios sobre los desobedientes. En otro tiempo también anduvisteis en estas cosas, vivíais en ellas, pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas, ira, enojo, malicia, blasfemia y el lenguaje obseno. No os mintáis unos a otros, pues os habéis despojado de la vieja naturaleza y de sus obras, y os habéis revestido de la nueva naturaleza, la naturaleza del hombre nuevo, que por el conocimiento se va renovando a imagen del que lo creó. Por eso ya no hay distinción entre el griego y el judío, entre el que está circuncidado y el que no lo está. Ya no importa ser extranjero, inculto, esclavo o libre, sino que Cristo es todo y está en todos. Por tanto, como escogido de Dios, santos y amados, vestidos de entrañable misericordia, bondad, humildad, mansedumbre, de paciencia, soportados unos a otros y perdonados unos a otros. Si alguien tiene queja, si alguno tiene, soportaos unos a otros y perdonaos unos a otros si alguno tiene queja contra otro. Del mismo modo que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros. Y sobre todo vestíos del amor, que es el vínculo perfecto. Que en vuestros corazones reine la paz de Dios, a la que así mismo fuisteis llamados a un solo cuerpo. Y sed agradecidos. La palabra de Cristo habita en abundancia en vosotros, en vosotros. Enseñaos y exhortaos unos a otros con toda sabiduría. Cantad al Señor salmos, himnos y cánticos espirituales con corazones agradecidos. Y todo lo que hagáis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús y dad gracias a Dios Padre por medio de él. Estos son los textos en el cual luego vendrá la predicación. Y ahora pasamos al tiempo de ofrendas. Y le pediría a Mari Tere y a Francisco, si pueden pasar adelante. Cada uno coge una cestita. Francisco, Francisco. ¿Quieres que lo lea yo? Francisco va a ponerse las gafas para poder leer. Sí, por favor. El texto que está dentro, si puedes leerlo. El Padre, Hijo y el Espíritu Santo. Deuteronomio 15:10. Con generosidad le darás y no te dolerá el corazón cuando lo des, ya que el Señor tu Dios te bendecirá por esto en todo tu trabajo y en todo lo que emprendes. Reoccíjate, estéril, la que no da la que no daba luz. Eleva una canción y da voces de júbilo, la que nunca estuvo de parto. Porque más son los hijos de la desamparada que los de la casada, ha dicho el Señor. Amplía el espacio de tu tienda y despiega las cortinas de tus habitaciones. No escatimes. Allarga tus cuerdas y refuerza tus estacas, porque te extenderás a la mano derecha y a la mano izquierda. Tu descendencia heredará naciones y habitarán las ciudades asoladas. Puedes orar las por favor. Señor y Padre Celestial, te damos muchísimas gracias, Señor, por estar aquí congregados en tu nombre para alabarte, para glorificarte y para darle las gracias por todos los beneficios que recibimos de ti, Señor. Muchas son las cosas que recibimos, Señor, de esas un poco guardamos cada ofrenda, Señor, que tú nos toques nuestros corazones y pongamos en ofrenda aquello que tú pongas en que tú pongas en nuestros corazones entregar. Te damos gracias por todo tu nombre, Jesús. Amén. Y ahora vamos a tener una oración por nuestros niños y por nuestros maestros. Y le pediría a Juana si tú puedes tener la mamá de Marta, si tú puedes tener una oración por los niños y por los maestros. Señor, te damos gracias. Te pedimos por los niños, Señor, para que ellos reciban su clase y te pido por los maestros que los utilices para honra y gloria tuya. Te lo pedimos. Amén. Ahora sí, los niños y los maestros pueden pasar a sus clases y sí quieres como tú quieras. Sí, las oraciones no. Y bueno, vamos a tener una oración para continuar con nuestro culto a Dios y en esta vez en forma de mensaje que nos lo va a traer nuestra pastora Raquel. Bueno, pues, Señor y Dios, gracias por el privilegio que nos das de podernos poner aquí delante, Señor. Y ahora te pedimos que abras nuestra mente, nuestros oídos, nuestros ojos, sobre todo nuestro corazón, Señor, para que podamos no solamente escuchar, sino también ser hacedores de tu palabra, Señor. que la palabra no se quede solamente en cosas bonitas que hacer, sino que se quede en un corazón agradecido, en algo nuevo que cambiar, algo nuevo que hacer por ti o mejor dicho, algo nuevo que hacer por lo que tú ya has hecho en nosotros, Señor. Que sea práctico y que podamos entenderlo y llevar a la práctica nombre de Jesús. Amén. Pues en que esta mañana quiero llevaros a un texto que ahora leeremos, pero quiero que os imaginéis a un arqueólogo, pues que está pasando años de su vida en una excavación ahí polvoriente. Eh, mira, de ese arqueólogo es un experto y por eso le hacen tan experto es que le hacen hasta musiquitas y todo cuando va pasando y ha pasado toda su vida desenterrando muchísimos objetos. Para eso muy valioso. Fijaros en esas vitrinas que tiene, que ha ido poniendo fragmentos de cerámica antigua, monedas de bronce, eh herramientas oxidadas, los ha catalogado, los ha limpiado, los ha ordenado y lo exhibe pues con orgullo. Son piezas únicas, son su vida, es su currículum, es lo que él es. Cuántas cosas maravillosas ha descubierto excavando. Pero hay un día que mientras que está excavando, está excavando en un pozo bastante profundo y este arqueólogo encuentra algo que había uh algo que había estado buscando toda su vida, un tesoro legendario. Ese tesoro legendario, ese tesoro legendario es una caja pequeña de oro puro. Tiene incrustaciones de piedras preciosas. No sé si desde ahí lo veis. Yo lo veo desde aquí. Y contenía un pergamino que ha sacado que confirma la existencia de una civilización que había estado olvidada. Es la cumbre de la historia, tiene un valor incalculable. ¿Sabéis qué hace con todo lo demás? Con todo lo que había estado descubriendo hasta ese momento y que tenía mucho valor, que era cuando alguien le preguntaba, “¿Y tú qué eres?” Yo soy arqueólogo y he descubierto esto, esto, esto, esto, esto, esto. Y le enseñaba todas sus vitrinas. ¿Sabéis lo que ha hecho con esas vitrinas? o esa cerámica, esas monedas de bronces que ante eran su ganancia, su prestigio, su razón de ser, ahora son solamente escombros, piedras encontradas, porque al compararlos con ese tesoro que ha encontrado en la excavación, tiene que apartarlos. tiene que apartar lo que había descubierto antes para seguir ahondando, para seguir profundizando en el pozo, para ver qué más se encuentra de ese tesoro. Aquello ya le resultan escombros y basuras, les estorba, les va a estorbar para levantar y disfrutar plenamente de ese verdadero tesoro. Vamos a leer en Filipenses 3 del 8 al 14. Ahora me fresco. Mirad lo que dice, hermanos. Filipenses 3 del 8 al 14. Es más, bueno, voy a leer desde el siete, ¿vale? desde el siete. Sin embargo, todo aquello que para mí era ganancia, ahora lo considero pérdida por causa de Cristo. Es más, todo lo considero pérdida por razón del incomparable valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo he perdido todo y lo tengo todo. Mi versión por estiercol. a fin de ganar a Cristo y encontrarme unido a él. No quiero mi propia justicia que procede de la ley, sino la que se obtiene mediante la fe en Cristo. La justicia que procede de Dios basada en la fe. Lo he perdido todo a fin de conocer a Cristo, experimentar el poder que se manifestó en su resurrección, participar en sus sufrimientos y llegar a ser semejante a él en su muerte. Así espero alcanzar la resurrección de entre los muertos. No es que ya lo haya conseguido todo o que ya sea perfecto. Sin embargo, sigo adelante esperando alcanzar aquello para lo cual Cristo me alcanzó a mí. Hermanos, no pienso que yo mismo lo haya logrado ya. Más bien una cosa hago, olvidando lo que queda atrás y esforzándome por alcanzar lo que está delante, sigo avanzando hacia la meta para ganar el premio que Dios ofrece mediante su llamamiento celestial en Cristo Jesús. He querido hacer esta comparación entre un arqueólogo y el apóstol Pablo. Podríamos decir que él tenía, Pablo tenía su vitrina llena de logros que le hacían sentirse pues muy bien. Él era judío de nacimiento, era un fariseo estricto, era irreprensible en cuanto a la ley. Nadie le podía decir, “Te has colado, te has pasado.” No, no tenía además un gran capital espiritual por todas las cosas que había logrado. Era muy bien considerado. De hecho, era también considerado que le envían a apresar a los cristianos. Pero él dice en el versículo 8 que estima todas las cosas como pérdida. Y me paro aquí. No sé cuántos de vosotros sois contables o trabajáis con contabilidad o tenéis conocimientos de de matemática financiera. Pero todo el mundo sabe que cuando hay un ejercicio contable, la cuenta última a la que nos vamos y nos referimos es la cuenta de pérdidas y ganancias, ¿verdad, Silvana? Y mal asunto, como haya pérdidas. Nadie quiere tener en la cuenta pérdidas. ¿Quién quiere tener su cuenta bancaria en número rojo? ¿Quién va a desechar las cosas de valor que tienen en su casa? No sé cuántas tendréis, pero ¿qué cosas de valor tenéis en vuestra casa? ¿Puedes contar? Bueno, bueno, pues el televisor de de 100 pulgadas, el el collar de oro, eh, tengo los títulos, dice, no tengo nada de valor en mi casa. Ah, mi familia. Pues aquí lo que Pablo está diciendo es que todo eso es que es muy fuerte lo que dice. Lo considera como pérdida. Dice más bien lo considero como basura. Y todavía dice uno, “Bueno, basura lo tolero.” No, no, no. La palabra griega dice estiercol. Y uno dice, “¿Quién quiere tener tiércol en su casa?” Pues nadie. Cuando la basura está llena, ¿qué decimos, “Niño, tira la basura?” No, ¿por qué? Porque huele mal, no nos gusta. Pablo no está diciendo que esas cosas no sean dignas de de tener, pero hasta ese momento es lo que le daban sentido a su vida, los que le hacía sentir alguien importante. Y entonces dice, “No solo, no solo lo tengo como pérdida, sino que además es como estiercol. ¿Con qué fin? por tener la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, para ganar a Cristo. Dicen este versículo dos veces, Pablo había perdido mucho, pensadlo. Había perdido posición, había perdido el ser eh un doctor de la ley, porque le tuvieron que empezar a enseñar todo otra vez desde cero. 3 años se tiró en Arabia. para recomponer todos sus estudios. No le valía, es más, no le valía todas las buenas obras de que había hecho como judío no le valían para alcanzar la eternidad. Había perdido mucho y no se está quejando, no está haciéndose la víctima. Pobre de mí que he perdido tanto, qué lástima de mí que lo he tenido que dejar todo. No, no, no. No es una expresión de autocompasión. Pablo aclara que todo lo que había logrado antes de su conversión y que era un destello de su gloria, de quién era él, brillaba. Ahora carecía de valor comparado con conocer a Cristo, con haber conocido a Cristo. Conocimiento que hace justo al ser humano y no la ley que él practicaba. La ley no la hacía justo. Así que el verdadero valor de nuestros logros es este. Yo ahí no se ve, ¿no? Desde ahí no se ve, pero yo lo cuento. referencias, trabajos de voluntario, los contactos que tenemos, qué notas hemos sacado, cuántos idios sabemos, cuánta experiencia tenemos, de cuántos títulos tenemos. Eh, internship, ¿qué es intership? Ah, hacer becas de estado de becario. Pues eso, becario. ¿Cuántas carreras hemos hecho? ¿Cuántas becas tenemos? Hemos estado de becario trabajando. Nada, nada de eso, nada de eso. Ni ninguna otra cosa que os imaginéis en qué trabajo hemos estado. Todo eso es igual. Yo he puesto basura para no poner cerc, ¿vale? Pero he puesto basura. Todo eso es igual a basura si lo comparamos con conocer a Cristo y decimos, “Pues anda que no me ha costado trabajito a mí estudiar o me está costando. Anda que no me ha costado trabajo esto, lo otro. Anda que conseguir el piso que tenemos no nos ha costado trabajo. Anda que no me cuesta trabajo pagar la hipoteca cada año. Cada cosa son logros. Anda que no me cuesta haber ascendido en mi trabajo. Pues el Señor dice que si todo eso que nosotros le damos tanto valor lo pones en una balanza, eso es a Cristo en medio de todas las cosas, ¿vale? Lo pones en medio de una balanza. La balanza de conocer a Cristo pesa más. Y ahora voy a explicar por qué. Paso para atrás. Cuando conocemos a Cristo y conocemos el acto de justicia que él ha hecho por nosotros, que es incomprensible, eso tiene un valor infinito y eso debería de ser nuestro tesoro, ese de oro incrustado. A ver, ¿cuántos de vosotros consideráis de verdad que lo que Cristo ha hecho por vosotros es de un valor incalculable? No, no de boca, no de boquilla, Ángela. No de boquilla, no de boquilla, que de boquilla lo sabemos todos. Porque lo que habla, lo que dice de verdad, si consideramos que lo que Cristo ha hecho de valor incalcunable, son nuestros actos. Por contraste, lo que Cristo ha hecho es incalculable. Por contraste lo que nosotros hemos hecho es un desecho. Si dijéramos, ¿quién ha hecho la mejor obra del mundo mundial? Cristo. ¿Quién es el que mejor se ha comportado del mundo? Cristo. ¿Cuál es la carrera mejor que se puede La que hizo Cristo. ¿Y cuál es la que hizo? Ah, servir a Dios. La voluntad del Padre. Servir a Dios, morir por cada uno de nosotros. Sí, hombre, yo voy a morir por todo el mundo. Bueno, pues somos llamados a la muerte como Cristo. Y fijaros, no solo eso, sino que Pablo lo que está entendiendo es que sus méritos, su prestigio, no solo son inútiles para ser justo, para ser reconocido justo, sino que además son inútiles, son un estorbo, incluso tienen un toque de ofensa cuando se lo presentamos a Dios como si fuera nuestra perfección. Señor, es que yo he hecho todo esto. Y el Señor nos mira como diciendo, “Ay, Raquel, qué poco has entendido. Te voy a tener que dar un toquecito. De verdad, me estás presentando tus logros como si fueran algo. ¿Por qué este rechazo tan radical de Pablo de su vida pasada? ¿Por qué lo rechaza? ¿Por qué dice atrás todo? ¿Por qué ese rechazo tan radical? Porque el objetivo no es solo renunciar, que tenemos que renunciar, el objetivo era ganar a Cristo y ser hallado en él. Dice el versículo 9, “No teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que viene de Dios por la fe.” Vamos a intentar degranar esto. Ahí está la balanza de la justicia que me voy ahí. Este es el corazón de la teología de Pablo. Por un lado está en el versículo 9 hablando de su propia justicia y por otro lado está hablando de la justicia que viene de Dios. ¿Vale? ¿Cómo Pablo pensaba que podía ganar a Cristo si nada de lo que tenía y nada de lo que era le justificaba delante de Dios? Ni siquiera la ley de Moisés le justificaba delante de Dios. Pues todo esfuerzo que nosotros hagamos para intentar ser justo o justificarnos, es decir, bueno, yo soy bueno porque yo soy bueno porque yo no soy tan malo porque yo no soy tan malo porque fulanito lo hace peor. Esa es mi justicia. Y hermanos, con esa manera de de justificarnos no llegamos a ningún sitio, no avanzamos en la vida cristiana. Eso es lo que Pablo había entendido. Su justicia no valía para nada. Ni tener muchos niños tampoco. Tampoco por si la mosca queda algo, queda alguna duda. Pero tenemos muchas ganas de ver a esta nena. Bueno, por contrario, por contraste, veis ahí mi propia justicia, obras de la ley, obras de la ley, el judío, obras del catolicismo romano, hm, aquí y obras de los evangélicos también, porque también pensamos muchas veces que no hacemos cosas tan malas ni que somos tan malos y que hacemos cosas muy buenas. Es que yo ya voy a servir al Señor todos los domingos a la iglesia. Es que yo no voy a la iglesia, pero estoy sirviendo al Señor en no sé qué. Que no, que no, que nada. Por otro lado, el encontraste la justicia que viene de Dios por la fe. Esta era la justicia de Cristo. ¿Y cuál? ¿Cómo? ¿Y cómo Cristo fue justo? Primero, no hubo pecado en él. O sea, que si podía decir, “Padre, no he hecho nada malo que a ti te desagrade.” Segundo, ¿cuál es la justicia de Cristo? Hizo la voluntad del Padre. Hombre, nosotros también hacemos la voluntad del Padre a veces, de vez en cuando, casualmente, ¿no? A veces no. Pues Cristo, esa es la justicia de Cristo. Y Cristo finalmente hizo lo que no pudo hacer nadie más, entregarse voluntariamente como aquel cordero que apuntaba la ley y que justificó los pecados de nosotros, los de todos ellos y de todos los que vendrán. Por eso la justicia de Dios pesa más que nuestra justicia, siempre pesará más. Y dice Pablo, “La justicia que viene de Dios, Cristo vino de Dios por la fe.” Es decir, si yo creo en lo que Cristo hizo por fe, me justifica, porque ya el Señor Padre mira a través de Cristo y no mira, no nos mira directamente a nosotros. Hay un filtro. Este filtro sí se puede poner, de hecho lo pone ya que estáis en las redes allí, allí atrás os veo muy contento, eh, Nani, te veo muy contento. Espero que estés muy contento por la predicación. Eh, el filtro que se puede poner no es el que se pone ahora en las redes. Este filtro, ¿vale? El de Cristo. El Señor nos ve a través, el Padre nos ve a través del Hijo y por eso nos justifica. Pues cuando recibimos la justicia de Cristo, Dios nos ve como justo. Y esto no es un cambio de estatus. Es decir, yo antes era la secretaria académica, ¿verdad? Antes era vicedecana, antes, perdón, perdón, antes era conserge, después pasé de conseria académica, de secretaria académica a vicedecana, de vicedecana a decana. He cambiado de estatus también de trabajo, pero he cambiado de estatus. Esto, esto que decimos aquí, lo que estamos hablando de no ser justos y ser justos por la fe en Cristo, no es como esto cambiar de estatus. Mm. No es cambiar de estatus, es un cambio interno en el que una nueva naturaleza se instala en nuestro ser. Por eso, cuando entregamos nuestra vida al Señor, hay algo que pasa dentro de nuestro ser que se hace se hace eh se hace irresistible porque es el Espíritu de Santo que viene a cambiar nuestro ser interior y se instala y dice, “Hala, aquí me quedo, de aquí no me voy. Ya eres mío, ya eres mía. te sellado. Nadie puede arrebatarte de la mano de Cristo porque el Espíritu Santo está instalado en tu ser. Y por esa por esa razón Pablo dice que el conocimiento de Cristo no es intelectual, no solo que yo comprenda a Cristo que hace falta, sino que sea vivencial. Mirad lo que dice Pablo en el versículo 10. a fin de conocerle a él y el poder de su resurrección y la participación de sus padecimientos llegando a ser semejante a él en su muerte. Ojo, madre mía, es un poder que transforma. Yo no sé, no sabía cómo poder poner poder porque si pongo la la bomba atómica, pues la verdad que no me hace gracia, aunque es poderosísima. Mejor esto, ¿cuántos de vosotros habéis puesto delante de las cataratas del Niagara? Nadie ha ido por allí. Yo tampoco. Hay una musiquilla. ¿Os habéis dado cuenta? Para que vuestra mente vuelva. ¿Os habéis dado cuenta que a veces estamos en la alabanza y de pronto empieza a sonar una música de fondo mientras que están hablando? Nadie la toca. No se toca, ¿verdad que no? ¿Verdad que no, chicos de la mesa? ¿Verdad que esa música no se toca? que sale y no sabemos por dónde. En serio, totalmente en serio. Es el duende. Nosotros sabemos que tenemos aquí varios duendes. Pues este es uno de ellos. O no funciona el equipo de sonido o nos hace acompañamiento musical. Exactamente. Pues cuando estemos cantando y pronto escuchéis que están hablando y empiezan. Mirad los instrumentos. Ninguno está tocando. Vale, vuelvo. Ya estáis otra vez conmigo. Vale. ¿Qué poder, qué poder transforma? No sé. Y yo he puesto una una catarata porque me parece impresionante la fuerza con la que cae el agua, ¿no? Y yo creo que todos en una catarata más pequeña o una más grande hemos estado alguna vez, ¿no? Y lo hemos visto. Pues conocerle a él y el poder de su reción es una cuestión vivencial, no solo intelectual. El poder que mata el dominio del pecado en nosotros y vivifica la vida de Dios. ¿Qué hizo? ¿Qué hizo el Padre al resucitar a Cristo? ¿Qué poder? ¿Qué poder intervino ahí? Pensadlo fríamente. Cristo estaba muerto, muerto, muerto, no dormido, no inconsciente. Estaba muerto, su corazón se había parado, estaba muerto. Y el Padre, hemos leído en en Romanos, lo levantó de los muertos. El Padre y el Espíritu Santo, el Dios lo levantó. ¿Qué poder, qué poder se ejerció ahí? ¿Qué poder pasó por ahí? Pues ese poder es el que tenemos nosotros, el que nos ha cambiado de vida a muerte y por eso ya no tenemos que morir eternamente. Ese poder es el que se instaló en nuestra vida cuando nos convertimos y es el que puede hacernos no pecar si nosotros le dejamos. Ese poder es el que considera todo lo que hemos ganado como con poco valor en contraste con lo que Cristo ha hecho por nosotros. No es que yo siempre he sido así, no puedo cambiar. Mentira. Si Cristo vive en ti, si Dios vive en ti, si el Espíritu Santo vive en ti, puedes cambiar. Porque el poder que levantó a Cristo de los muertos, dice Pablo, que es el que actúa en nosotros para matar el dominio del pecado y para vivificar al Espíritu Santo en nuestras vidas. Nuestra nueva naturaleza tiene que ser el reflejo de Cristo. Nuestra nueva naturaleza es por contraste intrínsecamente es opuesta al pecado. Nuestra nueva naturaleza tendría que temerle al pecado. Nos tendría que rechinar algo por dentro. La pizarra, la tiza antigua que hacíamos. ¿A quién le gustaba el sonido ese? Mira las caras que ponéis. Algo así. Pero mm no como o cuando te chirrian los dientes. ¿A quién le gusta eso? Pues cuando el pecado se acerca a nosotros, tendrían que sentir eso y decir, porque el poder de la resurrección de Cristo actúa en mi vida. Y el poder no es una fuerza abstracta, es la vida del Espíritu Santo, es la vida de Jesús, es la vida de Dios en nosotros. ¿Y sabéis qué? Ay, que es que le doy dos veces. Estamos en esa tensión siempre. Y Pablo lo sabía. Por eso habla de de que el poder de la resurrección es el que vive y puedo participar de sus padecimientos y y llegar a ser semejante a él en su muerte. No podemos participar de sus sufrimientos y ser semejante a él en su muerte y dar el y y exponer a Cristo a través de nuestras vidas. Si no es por ese poder y esa tensión siempre está. El cristiano que ha ganado a Cristo, como decía Pablo, para ganar a Cristo. Para ganar a Cristo es para encontrarme a Cristo, para ser de Cristo, para convivir con Cristo. Para el cristiano que ganar a Cristo, el pecado no es simplemente, “Uy, me he equivocado hoy. Perdona, disculpa. No es un error moral o un error legal. Es un acto que va contra la esencia misma de ese nuevo ser que está en nosotros. Es un acto que va contra la justicia de Dios. Para Dios es posible pecar. Dios puede pecar. Entonces, no es todopoderoso para la escuela dominical, ¿vale? Para la escuela dominical Dios no puede pecar. ¿Por qué? ¿Sabéis por qué? Porque va contra su esencia, contra su propia naturaleza, contra quién es, quién es él. No puede pecar. Diríamos que es contra natura. Pues el pecado debe devolverse para nosotros contra natura. Es decir, lo que no debería de pasar en nuestras vidas es pecar. Y tendríamos que seguir luchando contra esto. Todo lo que nos lleva al pecado o nos hace depender de nuestra propia basura, debe ser desechado de manera intencional y consciente. El poder de su resurrección, el poder divino que levantó a Cristo de entre los muertos. Dice Efesios 119 que ese mismo poder, el que resucitó a Jesús, el que obra en nosotros. Hermano, pensa en esto. Esto es una locura. Esto es una locura. No obra en nosotros para convertirnos en una morada adecuada para Jesús, para el Espíritu Santo. Ese poder obra en nosotros para hacernos santos. Ese poder que resucitó a Cristo, estoy repitiéndolo para que se nos quede, obra en nosotros para convertirnos, para capacitarnos a comprender las dimensiones ilimitadas del amor de Dios. Obra en nosotros para fortalecernos, para que aumentemos nuestra resistencia y fe, para que llevemos unas vidas constantemente caracterizadas por la acción de gracias. ¿Cómo te encuentras hoy? Ay, me pregunta hasta mañana he dicho, me duele. Gracias, Señor, porque hoy me duele menos que ayer. No sé si más que mañana, pero hoy me duele menos que ayer. Acción de gracias. Acción de gracias. Y por último, el versículo 12. A pesar de la profunda experiencia que tenía Pablo, él reconoce que aún no ha llegado a la meta, que aún no ha llegado a la perfección que se espera de él, no que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto. Aunque yo vosotros sabéis, ¿no? Yo lo que le decía a mis niños, ¿no? Cuando le regañaba, cuando eran chicos. ¿Qué te decía, hija? ¿La hab escuchado? que era prácticamente perfecta como Mary Poppins. Por eso siempre tenía razón. Y mis niños pues recogían o hacían eso, se la habían creído hasta que ya fueron mayores y ya dijeron tururut tururu. Pablo dice, “Prosigo, prosigo, prosigo. ¿Qué te hace detenerte? Piénsalo. No voy a decir nombre por nombre. ¿Qué te detiene seguir hacia la perfección? hacia lo que Cristo te está pidiendo. ¿Qué te detiene? Piénsalo. ¿Qué te está deteniendo? En el poder de la resurrección, en el poder del Espíritu Santo, puedes desecharlo y puedes poner lo que te está frenando en el orden de prioridades que corresponde. Puedes hacerlo, otra cosa que quieras, pero poder puedes hacerlo. La vida cristiana es una carrera, es una tensión constante, constante. Olvidar lo que queda atrás. Eso es lo que hizo Pablo al desechar. Es que yo hice aquello, aquello, aquello, aquello, aquello en la iglesia. Da igual lo que hiciera. Lo importante no es lo que hiciera. Lo importante que es es hoy. Hoy lo importante es lo que haces hoy. Ni siquiera es importante lo que harás. Lo importante es lo que haces hoy y también en el sentido positivo, los pecados ya pasados, ya han sido perdonados. Ocúpate de las obras presentes, las cosas que hacemos hoy. Versículo 13 y 14. lanzarse hacia delante, correr con un enfoque en la meta al supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. ¿Cuál es el supremo llamamiento de Dios? ¿A qué estamos llamados? ¿A qué estamos llamadas? ¿A qué estamos llamados que es supremo? Magnífico. Vamos, la repera. ¿A qué estamos llamados? Mi madre me hace así. Bueno, estamos llamados a ser semejantes a Cristo, plenamente semejantes a Cristo. ¿Eres como Cristo en su carácter, en su forma de pensar? ¿Lo eres ya? Entonces, ¿qué hace? ¿Qué espera? Tienes que seguir, proseguir y lanzarte hacia delante a la plena semejanza de Cristo y llegaremos a la gloria y llegaremos con él allí. Y allí será cuando estaremos libres de la presencia y del poder del pecado. Pero mientras tanto tenemos que seguir luchando y batallando. Es que estoy cansada. Sí, está bien. Es legítimo estar cansado. Pero levántate y sigue. Levántate y resplandece, dice la palabra, para lograr aquello para lo cual también fui alcanzado. Me encanta esto de Pablo. Me encanta esto de Pablo. ¿Sabéis para qué Cristo te salvó? para ser como él. No es una opción. Cristo te salvó. O sea, tú alcanzaste a Cristo. Tú ganaste a Cristo, pero porque Cristo te ganó a ti y te alcanzó a ti. ¿Para qué? 25 años había pasado desde que Pablo había escrito esto, desde que se convirtió, perdón, 25 años más o menos habían pasado ya. Pablo había recorrido el mundo conocido en ese momento. Había plantado iglesia, había escrito epístolas, había formado líderes y aunque su vida se estaba acercando al fin y hay otras cartas en las que ya dice, “Estoy pronto a irme”, ya todavía no había llegado. Y mientras estaba prosiguiendo, a ver, empieza a pensar cuántas cosas has hecho ya tú por la iglesia de Dios, por Cristo. empieza a pensar, empieza a numerarlas, no son suficientes. Prosigue, porque hasta que Cristo forme su carácter en ti, todavía te queda. Todavía me queda. Conclusión. Volvamos al arqueólogo aquel, ¿vale? Aquel hombre no renunció a los fragmentos que había encontrado antes porque fueran malos en sí. Renunció porque había encontrado lo máximo. Había encontrado algo infinitamente superior. El tesoro en mayúscula había encontrado. Ese tesoro para nosotros es la justicia de Cristo, lo que ha hecho por nosotros. Y eso no puede convivir con nuestra basura. Los actos que el Señor ha hecho por nosotros, lo que ha hecho por nosotros, no pueden estar al mismo nivel, no tienen la misma prioridad que Cristo y no nos pueden autojustificar de las cosas que hacemos. El único centro de valor tiene que ser Cristo. Piensa, Cristo es tu prioridad en la vida. O cuando salimos de aquí y llegamos el el lunes o a la tarde, lo dejamos en la estantería o lo metemos en un bolsillo o lo dejamos en la chaqueta que no hemos quitado. Entendedme lo que estoy diciendo, eh, está diciendo simbólica y ya si eso nos vamos acordando en medio de la semana un poco o pensamos que por tener un devocional ya es suficiente, ¿no? La prioridad Cristo cuando me enfado con mi marido, que me enfado de vez en cuando, de muy tarde en tarde, a veces, pues podemos hablar y podemos hacer que Cristo brille o que Cristo se quede fuera de la discusión. Sabemos hacerlo de las dos maneras, eh, como todo el mundo, ¿verdad? ¿Verdad que no estoy diciendo ni una cosa rara? Cuando te peleas en el trabajo con alguien puede hacer que Cristo brille o que brilles tú. Cuando estás pensando en un negocio, cuando estás pensando en los estudios, cuando estás pensando en la carrera, en la profesión, cuando estamos trabajando, educando y tratando a los niños, podéis hacer que Cristo brille o que brilléis vosotros. Mirad lo que dijo y con esto terminamos. Ay, no sé si se ve bien, pero yo lo voy a leer. Esto lo dijo San Agustín de Ipona. Pensando yo en la pregunta esa, ¿hay basura hoy en tu vida? ¿Hay algo que tengas que desechar? Mira que siempre te desagrade lo que eres si quieres llegar a lo que todavía no eres. Pues cuando te agradaste a ti mismo, ahí te quedaste. Pues si dijeras, “Basta, en ese momento has perecido.” Crece siempre, camina siempre, avanza siempre. No te quedes en el camino. No vuelvas atrás. No te desvíes. Se queda quien no avanza. Retrocede quien se vuelve a las cosas que ya había dejado. Se desvía quien apostata. Es mejor andar cojo por el camino que correr fuera del camino. Hermano, hermana, en la vida de servicio, en la vida cristiana, vamos a tener victoria, vamos a tener fracaso, alegrías y tristezas, pero nunca olvidemos que lo mejor está por delante, más adelante, y hemos de proseguir puesto los ojos en Jesús para alcanzar la madurez a la que hemos sido llamados y para la que hemos sido alcanzados. Que el Señor nos guarde. Le pediría a uno de alguno de ustedes el que quiera orar por la predicación y en sintonía con lo que hemos estado viendo. ¿Quién quiera? Pues Señor, gracias porque podemos volver a escuchar tu palabra de una forma clara, Señor, en el cual nos insta, nos anima, nos eh nos proclama, nos incita, nos guía a que no sigamos como estamos, sino que miremos hacia adelante, miremos hacia el bien que nos espera, Señor, que prosigamos a la meta, que todo lo que sea nuestro valuarte, todos esos son ídolos y que podamos derrocar todos esos ídolos para que podamos levantar solamente tu cruz, Señor, vacía en la que tú moriste y resucitaste, Señor. Gracias porque en esta mañana hemos podido volver a escuchar tu voz y queremos que nos ayudes a seguir cambiando nuestras vidas, a seguir eh entregando nuestras vidas día a día, diariamente, Señor, y que podamos e pues en nuestra imperfección que podamos demostrar a aquellos que no creen quién eres tú, Señor. Gracias porque ya tenemos el Espíritu Santo que hace todas estas obras dentro de nosotros. Te lo pedimos en nombre de Jesús. Amén. Y como doxología final, en Romanos 16 dice la palabra de Dios, “Y al que puede fortalecerlo, fortaleceros según mi evangelio y la predicación de Jesucristo, según la revelación del misterio que se ha mantenido oculto desde tiempos eternos, pero se ha manifestado ahora y que por las Escrituras de los profetas, según el mandamiento del Dios eterno, se ha dado a conocer a los gentiles para que obedezcan. a la fe, a los gentiles, es decir, a todos nosotros, al único y sabio Dios sea gloria mediante Jesús para siempre. Amén. Amén. Que el Señor [Música]

Culto del domingo 12 de octubre de 2025, a las 11:00 h, en directo, en iebsanse.com y en YouTube.

Leave A Reply