🔥El conflicto de Dios – [19-10-2025] a las 11 🕚
[Música] Bueno, buenos días, hermanos. Vamos a comenzar con nuestro culto dominical. Bienvenidos. Vamos a ponernos de pie porque estamos aprendiendo esta canción que se llama Santo por siempre. ¿De acuerdo? Vamos entonces a cantar Santo por siempre. [Música] Es que hoy internet va un poco mal. Si no os lo voy diciendo yo, lo que hay que cantar, ¿os parece? Vamos. Entonces, empieza 1000 generaciones se postran a adorarle. Mil generaciones se postran a adorarle. Le cantan al cordero que venció. Los que nos precederon y los que en él creerán y cantarán aquel que ya vendrí. Tu nombre es más alto. Tu nombre es más grande. Tu nombre sobre todo es. Sean tronos, domínios, poderes, potestades, tu nombre sobre todo es. Clam ángeles. Santo, clama la creación. Santo, exaltado, Dios, santo, santo por siempre. [Música] Si te ha perdonado, si te ha perdonado y tiene salvación, cántale al cordero si te ha libertado. Su nombre ha puesto en ti. Cántale al cordero por cantaremos siempre. Amén. Claman ángeles. [Música] Santo clama la santo, exaltado Dios. Santo, santo por siempre. Canta el pueblo al rey. Canta el fuego rey. Santo, [Música] soberano es él. Santo [Música] y por siempre. Eres santo, santo por siempre. [Música] Tu nombre es más alto. Tu nombre es más alto. Tu nombre es más grande. Tu nombre sobre todo es. Sean coros, dominios, poderes, potestades, tu nombre sobre todo clama al ángeles. Santo, clama en la tierra. [Música] Santo, exaltado Dios. Santo, [Música] santo por siempre. rey santo soberano santo y por siempre es santo, santo por siempre [Música] te lo dejamos ahí. Amén. Buenos días, hermanos. Así puestos en pie, vamos a a leer el siguiente pasaje que se encuentra en Apocalipsis, capítulo 21, versículos del 10 al 12. Normalmente en este momento aprovechamos para leer un salmo, ¿no? Como un eh llamado la adoración, ¿verdad? Pero este pasaje que también el predicador de hoy hará referencia eh también se podría podría considerar como un salmo, ¿no? Un salmo de alabanza, ¿verdad? Eh, Apocalipsis 21 versículos del 10 al 12 dice así. me llevó en el espíritu a un monte grande y alto. Me mostró la gran ciudad, la Santa Jerusalén, que descendía del cielo enviada por Dios. Tenía la gloria de Dios y su resplandor era semejante al de una piedra preciosísima, como piedra de jaspe, transparente como el cristal. Tenía una muralla grande y alta. En ella había 12 puertas protegidas por 12 ángeles en las que estaban grabados los nombres de las 12 tribus de los hijos de Israel. Y saltamos al versículo 22. En ella no vi ningún templo, porque el Señor Dios todopoderoso y el cordero son su templo. La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que brillen en ella, porque la gloria de Dios la ilumina y el cordero su lumbrera. Las naciones que hayan sido salvas andarán a la luz de ella, y los reyes de la tierra le entregarán su gloria y su honor. Sus puertas nunca se cerrarán de día, pues allí no habrá noche. La gloria y el honor de las naciones serán llevadas a ella y no entrará en ella nada impuro, ni ningún idólatra, ni ningún mentiroso. Solo entrarán los que están inscritos en el libro de la vida del cordero. Y con este pasaje en mente vamos a seguir alabando y adorando al Señor. Pido al resto del grupo de alabanza, Marta Vica, que aquí vamos a seguir adorando al Señor con esta canción que dice que sea donde sea donde estemos, el Señor va a buscarnos y nos rescata para traernos así y en su amor, en su abrazo, consolarnos. [Música] Antes de hablar, cantaste sobre mí. Ha sido tan bueno para mí. Antes de respirar soplaste tu vida en mí. [Música] Ha sido tan bueno para mí. Cántaselo al Señor. Tu amor me mueve. Tu amor me envuelve, me sostiene. Amor sin condición me persigue y deja las 99 por mí. No puedo ganar ni merecerlo. Tu amor por mí. Tu amor me envuelve. Me sostiene amor sin condición. Aún lejos de ti, tu amor luchó por mí. Ha sido tan bueno para mí. Todo mi valor entregaste. Ha sido tan bueno para mí. Ha sido tan bueno a tu me sostiene amor sin Dios. me persigue y deja las 99 y va por mí. No puedo ganarlo, no. Tu amor se entero. No hay pared que no derrumbas, hay vida que no rompas. Algoarme a mí. Tu amor me envuelve. Me sostiene mi amor como ese buen pastor que necesita nuestra alma. No hay ningún otro en el mundo que nos puede confortar como él lo hace. Vamos a cantar. No soy yo, sino Cristo en mí. Porque cualquier cosa buena que pueda haber en nosotros ha sido porque porque el Señor está trabajando y nos está transformando. Esta canción habla de esto. [Música] Quería de amor y redención es Cristo. No hay nada más que el cielo pueda dar. Mi rectitud, mi libertad y gozo, mi gracia él, mi eterna y dulce paz. Me aferro a él. Jesús es mi esperanza. Vivo él. Por siempre suyo soy. Asombroso es cantar. Mío es en verdad. No soy yo, sino Cristo en mí. Tinieblas hay. Tinieblas hay. Más no soy olvidado, pues justo a mí el Salvador está. Si débil soy, tos en el avanzo, pues su poder en mí se mostrará. Me afero a él. Es mi pastor y estud. Por profundos me guiarán. En la noche venció su victoria me dio. No soy yo, sino Cristo en mí. [Música] No temeré, he sido perdonado. Seguro estoy. El precio ya pagó. Su sangre dio sufrió por mis pecados. Resucitó la muerte derrotó. Me aferro a él, ya no soy condenado. Es Jesús mi fiel intercesor. Las cadenas rompió, libertad me atoró. No soy yo, sino Cristo en mí. [Música] Quiero seguir a Cristo mientras vida, pues prometió llevarme hasta su hogar. Estando aquí, renueva él mi vida hasta llegar al gozo verdad. Me aferro a él, mi única esperanza. A Jesús la gloria y el honor. Cuando llegue al final estos labios dirán, “No soy yo, sino Cristo en mí.” Cuando llega al final, cuando llega al final, estos labios dirán, “No soy yo, sino Cristo en mí soy yo. No soy yo, sino Cristo en mí.” [Música] dice en Romanos 18. Romanos 18:46 dice, “El Señor vive. Alabada sea mi roca. Exaltado sea el Dios de mi salvación.” Me gustaría que ahora pudierais tener unas oraciones breves enfocándonos en esto, en que Dios está vivo hoy, no está muerto. Dios se mueve. Dios está en medio de su pueblo y hace cosas. Hace cosas en tu vida, hace cosas en mi vida, hace cosas en medio de la iglesia. Y no podemos hacer más que asombrarnos y maravillarnos porque Dios vive y reina. Así que os invito oraciones breves, cortas, exaltando a Dios, porque él vive. [Música] [Música] Gracias, gracias, gracias, Jesucristo. A ti toda la honra, toda la gloria. todo el poder, todo el amor. Gracias fiestas con un amor incondicional y nos maravillas, nos dejas eh, por decirlo con abierto. Nosotros estamos maravillados de ver como obras tan tan majestuosamente, tan silenciosamente, sin protagonismos, sin que nadie te vea, no lo haces, eh, eres eres precioso, te mereces toda la honra. Contigo basta no más. No hay que buscar más nada, solo buscarte a ti. Eh, doy gracias a ti por el avamiento universal que se está dando de las personas cantando tu nombre en todos los países. Soy muy feliz de ver a las personas, millones y millones de jóvenes cantando y personas cantando y mencionando el nombre de Jesús es el rey y te la mereces toda. Tú te has hecho preciosa palabra. Todas rodillas se doblará y toda lengua confesará tu nombre. Y lo estamos viendo, Padre, y porque cada vez se unan más personas a exaltar tu nombre, a exaltar tu grandeza, tu podido, tu majestad. Eres incomparable, incondicional, eres hermoso. No hay palabra que te pueda definir. Faltan, faltan palabras en el diccionario para alabarte a ti, Señor. Gracias por lo que has hecho Gracias. Ah. Gracias, Padre, por en medio de nuestra Gracias, Dios, porque nos has escogido para estar cerca de ti. Gracias porque con de forma maravillosa, grande es tu poder, bendito Dios. Gracias por tu maravilla, papá. Porque tú, Señor, nos hasido para cuidarnos la obra tuya sobre esta tierra. Padre, gracias, Padre Santo, espíritu [Música] seguir cantando sobre esta parte de la historia de la salvación, de cómo Jesús murió y al tercer día resucitó. [Música] Recordaré aquel donde sangró murió Jesús. [Música] vidas que por mí sufrió crucificado Salvador. Su cuerpo, su cuerpo envuelto en dolor. En el sepulcro reposó. En soledad se quedó. Jesús [Música] hacia el Señor. Alabaré juntos y alabaré al Señor, mi Dios. Tu nombre Dios. proclamaré eternamente te cantaré, Señor. Señor mi Dios. Al tercer amanecer, pero al tercer amanecer. Un gran estruenos escuchó. ¿Dónde está muerte tu aguijón? Cristo Jesús resucitó. Alabaré, alabaré al Señor, mi Dios. Tu nombre yo proclamaré. Eternamente te cantaré, Señor. Señor mi Dios. alabaré eh parecida al alemán, parecida al original. ¿Vale? Entonces vamos a cantar Castillo fuerte nuestro Dios con ese ritmo de marcha militar para no dormirnos y siendo conscientes pues de lo que estamos cantando, que lo cantaron nuestros hermanos muchos siglos atrás y lo seguimos cantando nosotros. [Música] Castillo fuerte es nuestro Dios. espada y armadura [Aplausos] [Música] ante diluvios de dolor. Ayúdate dur. Nuestro enemigo nos quiere destruir con odio de Jav astucia y gran poder. Es el sobre la tierra. [Música] En nuestra fuerza no hay poder. Seriaramos [Música] por nosotros lucha que justo escogido. [Música] Unas [Música] es Jesucristo el rey. Ejército, Señor, por siempre el mismo Dios [Música] la guerra. [Música] Aunque este mundo y la maldad intenten de hacernos dispuso Dios que su verdad por medio mí. miedo a Satanás. [Aplausos] Venfernos no podrán, pues derrotado está con solo una palabra. [Música] Esa palabra [Música] tú fielmente permanece. [Música] Los dones y el espíritu en Dios nos pertener. [Música] Nos pueden despojar bienes y hogar. El cuerpo aún matar más. Su verdad, su reino es para siempre. [Música] y has sentido todas esas cosas que nos al enemigo, a nuestro propio pecado, al mundo, has proclamado por tiamos, quien servimos y por quien queremos pedir a Dios. Ayúdanos y permítenos ahora escuchar tus palabras y para que seas cambiando. Seguimos, seguimos adorando y vamos a abrir también nuestras Biblias una vez más para tener dos lecturas y las dos serán en Romanos Romanos capítulo 3. Y mientras eh abréis eh vuestras biblias en los pasajes, voy a pedir a Néstor, puedes pasar aquí al frente, y a Francisco, si también puedes pasar, vamos a tener las dos lecturas. Romanos 3 22 al 26. Del 22 al 26. La justicia de Dios por medio de la fe de Jesucristo para todos sobre todos los que creen en él. Porque nos da diferenciar, porque no hay diferencia cuánto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios, pero son justificados gratuitamente por su gracia mediante redención que es en Cristo Jesús. A él Dios lo puso como instrumento de perdón por medio de la fe, su sangre para manifestar su justicia a causa de haber pecado por alto o por pasado por alto. E en su en su paciencia de pecado, el los pecados pasados lo hizo así para manifestar en este tiempo su justicia. al fin de que él sea justo y en él justifica el que la fe de justo Romanos 8 31 al 38 aquí un poco más grande. 31 al 36.16 del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Entonces, ¿qué diremos a esto? Si Dios está a nuestro favor, ¿quién estará contra nosotros? El que no escatimó ni a su propio hijo, sino que lo entregó por todos nosotros. ¿Cómo no nos dará también con él todas las cosas? ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió más aún el que también resucitó y el que además está a la derecha de Dios, el que también intercede por nosotros. ¿Quién? nos separarás del amor de Cristo. Tribulación, angustia, persecución, hambre, desnudez, peligro o espada, como está escrita, por causa de ti siempre nos llevan a la muerte, somos tratados como ovejas de matadero. Sin embargo, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo futuro, ni lo alto, ni lo profundo, ni alguna otra cosa creada, nos podrá separar del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro. Amén. Bien, vamos a pasar también al tiempo de las ofrendas. Y le pediría a Madi puede pasar aquí al frente y a Mariere y vamos a a orar por nuestras ofrendas. Pero antes sí que me gustaría si porfa eh, Juan Andrés, ¿puedes poner el cartelito, vamos a recordar este proyecto que tenemos, este gran proyecto del cual en los próximas las próximas semanas, los próximos días, diría yo, tendremos novedades. No quiero adelantar nada, simplemente vamos a seguir colaborando en la recogida no solamente de nuestros diezmos y ofrendas habituales, sino también en ese pequeño extra que pedimos a todos los hermanos, ¿no? y que de alguna forma también en una de las reuniones de asamblea nos hemos también comprometido a recoger de un extra del protemplo con la ayuda de del sobre, este sobre que tenemos aquí y del cual voy a vamos a leer el texto y le voy a pedir, mira, le voy a pedir a Madi, ya que también no tiene gafas. Bueno, mientras recoge las gafas. Bien, bueno, Madi está haciendo un gran trabajo también eh todos los días difundiendo acerca de de orar, ¿no? Por este proyecto es un proyecto super importante, crítico para nuestra iglesia, histórico, diría yo. Y le voy a pedir a Madrid si puede leerlo. Muy bien. Adelante. Por favor, Mar, ¿puedes elevar una oración por Y mientras se recogen las ofrendas, eh, para ahorrar tiempo, como dice el pastor, tiempo y dinero, le voy a pedir a Pili si tú puedes elevar una oración por los maestros y los niños que ahora tendrán su tiempo especial. por todos tus hijos que sean en tu casa, Señor, para tu nombre y especialmente pedir un una oración especial, Señor. Señor, por tanto la persona que nos traer un mensaje como los profesores de escuela dominical y y luego más tarde, Señor, que que tú nos puedas enseñar, Señor, algo más de tu palabra, que salgamos en chidos de aquí, de tu casa, Señor, y que podamos meditar de día y de noche, Señor, en casa durante todas las semanas, Señor, las palabras que tú quieres enseñarnos. Gracias te damos por cada una de las personas que nos enseñan, Señor, que tú les des una bendición especial de sabiduría, Señor, para que estos niños, Señor, que son futuro y pilares de de la iglesia, Señor, que ellos puedan aprender y que un día el día de mañana ellos también nos puedan enseñar, Señor, tu palabra. Gracias te damos por ellos, pues en el nombre de tu hijo amado. Amén. Mientras los niños saben, voy a pedirle al pastor Jesús eh Fraidía si puede pasar para tener la predicación de la palabra. Recordaros, eh, por si alguno no lo sabe, nuestros pastores hoy se encuentran ausentes porque se están acompañando en la instalación de la nueva pastora que va a estar en la iglesia de Talavera de la Reina, la Iglesia Bautista de Talavera de la Reina. Y entonces les han pedido que si pueden acompañar, ¿no?, en esta instalación pastoral. Y bueno, el domingo que viene, si Dios quiere, pues eh los tendremos de vuelta con nosotros. Así que te dejo esta Biblia. Perfecto. Vamos a tener también una oración por la predicación. Señor y Padre, en esta hora te pedimos, Señor, que tú, Señor, nos alimentes. Te pedimos alimentación para nuestras almas, Señor, a través de la palabra que nos trae tu siervo Jesús, Señor y Padre celestial, que podamos salir eh alimentados, podamos salir llenos de ti, Señor. Y padre celestial, dale de tu palabra, Señor, y habla a través de de tu siervo Cruzía, Señor Padre celestial. Y a nuestros danos oídos prestos a escuchar, Señor, y corazones, dispuestos a absorber todo esto que tú nos tienes para hoy, Señor, en tu santo nombre. Amén. La verdad que yo creo que todos somos testigos de que solo basta encender la televisión cualquier día de estos para darnos cuenta que el mundo está lleno de conflictos por todos lados, ¿no? Que si oímos Gaza, que si oímos Rusia, que si oímos Ucrania y muchas de las otras cosas que no oímos también porque por lo que sea no salen en la televisión, pero que también son conflictos, ¿no?, a los que el mundo entero está enfrentado y de los que todos en mayor o en menor medida padecemos o sufrimos sus consecuencias. Pero no solo es una cuestión de conflictos afuera, ¿no? También dentro de nosotros mismos de alguna forma gemimos, ¿no? Como diría Pablo, por nuestros propios conflictos. tenemos conflictos de dentro también hablo pues de las cosas que pasan por nuestra mente, ¿no? Las peleas, las luchas, las batallas que absolutamente todos los días tenemos que enfrentar, sean por nuestra ansiedad o por nuestros miedos o por nuestros deseos o por nuestros sueños o incluso también conflictos con personas cercanas, empezando pues por el matrimonio, por ejemplo, familias o con nuestros compañeros de trabajo o con nuestros jefes. Estamos por todos lados repletos de este tipo de conflictos. Lo único que puedo sacar yo en claro cada vez que veo este tipo de conflictos es que aunque evidentemente siempre procuremos intentar de alguna forma solucionarlos, poner algo de nuestra parte, algo de empeño por intentar que esos conflictos desaparezcan o por lo menos se reduzcan, es que nos encontramos finalmente con la incapacidad, con la la impotencia de poder resolverlos plenamente, ¿no? Tanto es así, ¿no? Por ejemplo, por poner simplemente una un ejemplo, valga la redundancia, nos enfrentamos de repente vemos en la televisión gente haciendo manifestaciones por todo esto de la guerra y tal, pero luego resulta que llega unos cuantos poderosos, se reúnen en tal sitio y hacen una firma y se acabó, ¿no? Y tú dices, “Bueno, ¿y estos qué querían hacer con una manifestación? No, no resolvieron nada, sino los que tienen poder se reunieron juntos, decidieron que ese día había que firmar algo y entonces ya se obtuvo, ¿no? Es a veces un poco esa parte pesimista de mi personalidad que me hace ver y decir, bueno, es que da igual. O sea, la incapacidad que tengo para resolver la mayoría de cosas es abismal, ¿no? Pero ciertamente que la escritura no nos llama ni al pesimismo, ni al idealismo, ni al optimismo exacerbado, no nos llama a ser realistas con lo que la vida es y con lo que él hace en este mundo. Por tanto, quiero leer para continuar con una serie de sermones que empecé en agosto, si os acordáis, algunos de los que estabais. Vamos a continuar en el capítulo 2 del libro de Lamentaciones y voy a intentar ir lo más rápido pero eh comprensible posible en la lectura, porque tiene bastante. Vamos a leer todo el capítulo 2 del libro de Lamentaciones, que va después del libro del profeta Jeremías. y antes de Ezequiel. Y dice así la palabra de Dios por medio de Jeremías en este libro, cómo oscureció el Señor en su furor a la hija de Sion. Derribó del cielo a la tierra la hermosura de Israel y no se acordó del estrado de sus pies en el día de su furor. Destruyó el Señor y no perdonó. Destruyó en su furor las tiendas de Jacob. Echó por tierra las fortalezas de la hija de Judá. Humilló al reino y a sus príncipes. Cortó con el ardor de su ira todo el poderío de Israel. retiró de él su diestra frente al enemigo y se encendió en Jacob como llama de fuego que ha devorado alrededor. Entcesó su arco como enemigo, afirmó su mano derecha como adversario y destruyó cuanto era hermoso. En la tienda de la hija de Sion derramó como fuego su enojo. El Señor llegó a ser como enemigo, destruyó a Israel, destruyó todos sus palacios, derribó sus fortalezas y multiplicó en la hija de Judá la tristeza y el lamento. Quitó su tienda como enramada de huerto. Destruyó el lugar donde se congregaban. El Señor ha hecho olvidar las fiestas solemnes y los días de reposo en Sion. Y en el ardor de su ira ha desechado al rey y al sacerdote. Desechó el Señor su altar, menospreció su santuario. Ha entregado en mano del enemigo los muros de sus palacios. Hicieron resonar su voz en la casa del Señor como en día de fiesta. El Señor determinó destruir el muro de la hija de Sion. Extendió el cordel, no retrajo su mano de la destrucción. Hizo, pues, que se lamentaran el antemuro y el muro. Fueron desolados juntamente. Sus puertas fueron echadas por tierra. Destruyó y quebrantó sus cerrojos. Su rey y sus príncipes están entre las naciones donde no hay ley. Sus profetas tampoco hallaron visión del Señor. Se sentaron en tierra, callaron los ancianos de la hija de Sion. Echaron polvo sobre sus cabezas, se ciñeron de silicio. Las vírgenes de Jerusalén bajaron sus cabezas a tierra. Mis ojos desfallecieron de lágrimas. Se conmovieron mis entrañas. Mi hígado se derramó por tierra a causa del quebrantamiento de la hija de mi pueblo. Cuando desfallecía el niño y el que mamaba en las plazas de la ciudad. Decían a sus madres, “¿Dónde está el trigo y el vino?” Desfallecían como heridos en las calles de la ciudad, derramando sus almas en el regazo de sus madres. ¿Qué testigo te traeré? ¿O a quién te haré semejante hija de Jerusalén? ¿A quién te compararé para consolarte, oh Virgen, hija de Sion? Porque grande como el mar es tu quebrantamiento, ¿quién te sanará? Tus profetas vieron para ti vanidad y locura, y no descubrieron tu pecado para impedir tu cautiverio, sino que te predicaron vanas profecías y extravíos. Todos los que pasaban por el camino batieron las manos sobre ti, silvaron y movieron despectivamente sus cabezas sobre la hija de Jerusalén, diciendo, “¿Es esta la ciudad que decían de perfecta hermosura el gozo de toda la tierra? Todos tus enemigos abrieron contra ti su boca. Se burlaron y crujieron los dientes. Dijeron, “Devorémosla. Ciertamente este es el día que esperábamos. Lo hemos hallado, lo hemos visto. El Señor ha hecho lo que tenía determinado. Ha cumplido su palabra, la cual él había mandado desde tiempo antiguo. Destruyó y no perdonó. Y ha hecho que el enemigo se alegre sobre ti y enalteció el poder de tus adversarios. El corazón de ellos clamaba al Señor. Oh hija de Sion, echa lágrimas cual arroyo día y noche. No descanses ni cesen las niñas de tus ojos. Levántate, da voces en la noche, al comenzar las vigilias, derrama como agua tu corazón ante la presencia del Señor. Alza tus manos a él implorando la vida de tus pequeñitos que desfallecen de hambre en las entradas de todas las calles. Mira, oh Señor, y considera a quién has hecho así. Han de comer las mujeres el fruto de sus entrañas, los pequeñitos a su tierno cuidado han de ser muertos en el santuario del Señor, el sacerdote y el profeta. Niños y viejos yacían por tierra en las calles. Mis vírgenes y mis jóvenes cayeron a espada. Mataste en el día de tu furor. Degollaste y no perdonaste. Has convocado de todas partes mis temores como en un día de solemnidad. Y en el día del furor del Señor no hubo quien escapase ni quedase vivo. Los que crié y mantuve, mi enemigo los acabó. Hasta aquí vamos a leer en esta mañana la palabra del Señor. Y en primer lugar, lo la primera lección que me viene a la mente en esta mañana es pensar acerca de este Dios que estamos viendo en esta porción de la escritura, un Dios que es temible. Eh, para quienes no estuvisteis en la predicación anterior que hice sobre este libro en el capítulo uno de Lamentaciones en agosto, creo que fue más o menos, como estábamos en vacaciones, pues tampoco es que hubuviéramos muchos por aquí, ¿no? Pero por hacer un resumen, dije que eh en este momento en el que Jeremías escribe este libro, lo que está lamentando es lo que ha sucedido con Jerusalén y con el reino del sur en general, porque han venido sus enemigos a por ellos, han destrozado Jerusalén, todo está fatal, o sea, no queda absolutamente nada como estaba en su día, ¿no? Y lo que dijimos en aquel entonces es o la pregunta que nos planteamos fue, ¿qué hacemos o cómo reaccionamos cuando todo se viene abajo, cuando viene el desastre, cuando viene el dolor, la aflicción y no sabemos qué ha pasado ahí? Y no tenemos explicación hasta cierto punto de lo que sucede. Y digo hasta cierto punto porque el propio profeta en Lamentaciones aquí en el capítulo uno, un poquito más adelante de ese capítulo uno, como digo, explica quién había traído esa aflicción, quién había traído ese dolor sobre su pueblo. Y lo sorprendente de esto es que había sido Dios mismo. Dios estaba haciéndoles este esta este les estaba perdón sometiendo a este sufrimiento. Era Dios quien estaba enviando este dolor a ellos por una razón. Y entonces nos encontramos de repente en este capítulo 2, que según lo hemos leído, os habréis dado cuenta, las cosas terribles de las que habla, ¿no? Los reyes están fuera, los profetas también, los sacerdotes también, la propia casa de Dios, él mismo la ha desechado, los niños están muriendo de hambre, aún incluso en los pechos de su madre y todo es una desolación. En este capítulo, todavía con más razón, el profeta nos está diciendo, “Has sido tú, Dios, quien nos ha traído todo esto. Has sido tú quien nos ha enviado todo esto.” Como os fijáis, en muchas otras ocasiones, ni el profeta ni los salmistas tienen miedo de decir que ha sido Dios el que les ha enviado esto, porque es la verdad. Era Dios quien les había enviado este dolor. Tenía motivos para hacerlo. Ciertamente lo explica este libro. Era por el pecado de Jerusalén, por el pecado del reino del sur. Dios estaba trayendo este dolor. Y no tienen miedo de decirle a Dios, “Oye, tú nos has traído esto.” No le están acusando. Están diciendo la realidad, la verdad de las cosas. Pero en la la semana pasada iba a decir el en la en el sermón anterior meditamos que hay un cierto consuelo en saber que es Dios quien envía la aflicción, porque jamás Dios envía más aflicción de la que debe eh obrar en nuestra vida. Él sabe enviar la proporción exacta, ni más ni menos. Él se compadece también aún en medio del dolor y el sufrimiento. Por tanto, es una de las lecciones que vemos en este libro, un libro que yo sé que no es como el mejor plato de buen gusto para ponerse a leerlo un día, por ejemplo, así según te despiertas por la mañana, ¿no? Pero está dentro de la Biblia, está dentro de las Escrituras y nos tiene algo que decir también a la iglesia hoy, como se lo dijo anteriormente a Israel. Pero por tanto, esta es la lección que Dios trae la aflicción y el sufrimiento. Y la causa es el pecado de su propio pueblo, en la obsecación, ¿no?, de su propio pueblo para seguir en sus propios caminos y no la voluntad de Dios. Ahora bien, lo que a mí me parece desconcertante y le parecía desconcertante a su propio pueblo era que Dios estaba derramando su furor sobre los suyos, sobre su propio pueblo, su señorío. O sea, es como decir, “Estás destruyendo tus cosas, estás rompiendo tu casa, estás tirando todo por ahí.” Y es un poco desconcertante, ¿no? Pensar en esto. ¿Cómo es posible, Dios, que tú estés haciendo esto con los que somos tuyos? en donde tú reinas, en donde has mostrado tu palabra, tu reino plenamente, tu señorío está aquí, ¿por qué estás destruyendo a tu pueblo? La pregunta sería un poco, ¿no?, como hace Jesús también en el evangelio, aunque yo la aplico. ¿Acaso Dios está dividido contra sí mismo? De repente le ha venido una especie de ira que nadie entiende de dónde y ha dicho, “Mira, yo ya estoy cansado de mi propio pueblo y los voy a destruir a todos.” al mismo pueblo que le dijo que lo bendeciría y que le daría todo bien y la tierra prometida y tus enemigos no podrán contra ti. Y ahora de repente parece que Dios cambia de parecer y dice, “Bueno, pues ahora os voy a destruir. Ahora no va a haber nadie que os libre de vuestros enemigos. Vais a sufrir lo indecible.” Hay un autor eh llamado James Adams, que tiene un libro que, por cierto, es muy finito y recomiendo leer. Se llama Salmos de guerra del príncipe de paz. Y este libro, su tesis básicamente es acerca de estos salmos que llaman en teología imprecatorios, que son aquellos que son de maldición, ¿no? Cuando un salmista pide pues que los enemigos sean eh destruidos y con más detalles, ¿no? En plan que sus hijos se mueran y todo este tipo de cosas, ¿no? Estos salmos que leemos, ¿no? y quiere darnos a entender qué sentido tienen, de qué nos hablan esos salmos, porque tienen sentido para nosotros o simplemente son literatura antigua de un pueblo muy guerrero y no nos sirven a nosotros. Pues lo que nos viene a decir es que todos esos salmos también forman parte de la obra de Cristo Jesús y que hablan de él y de sus enemigos. Por tanto, por eso son los salmos de guerra del príncipe de paz, ¿no? Y en este libro él dice que la historia de la salvación se puede eh digamos explicar en tres actos progresivos. En primer lugar, encontramos a Dios, eh, o perdón, teniendo Dios un conflicto con el mundo. Es decir, él ha elegido a un pueblo, él elige a los suyos, los lleva a su promesa, los conduce, pero hay otra serie de naciones y pueblos que están en contra de su propio pueblo. Por tanto, como no siguen su voluntad y no aprecian lo que él desea, Dios se vuelve contra ellos, los eh castiga, los disciplina para así de alguna forma también hacerles ver que él es Dios. y que ese es su pueblo. Pero cuando avanzamos en la historia y nos encontramos, por ejemplo, a los profetas o el libro de Reyes, os daréis cuenta de que un poco aquí hay un cambio. Ahora, de repente Dios se ha vuelto o está en conflicto con su propio pueblo. Antes era con el mundo, pero ahora es contra su pueblo. Lo acabamos de leer en Lamentaciones. Oye, yo estoy contra vosotros porque vosotros no me obedecéis, porque vosotros hacéis lo que os da la gana, porque vosotros os volvéis a los ídolos. y una y otra vez os di profetas y no habéis hecho caso. Por tanto, yo ahora como os hice bien, os voy a hacer mal. En último lugar dirá este autor que el último conflicto que Dios tiene es consigo mismo en la cruz del Calvario. Porque allí tanto su justicia como su misericordia, ambas cosas se enfrentarán de alguna manera en la cruz. Y Dios habrá de mostrar tanto una como la otra y cómo puede ser Dios justo y misericordioso al mismo tiempo. Pero no me quiero adelantar todavía. Cuando vemos en esta porción que hemos leído a este Dios tan temible, hay otra lección que yo aprendo y es que tener a Dios como enemigo no es nada deseable porque Dios es fuego consumidor. Él devora a todos sus adversarios. Él es terrible en este aspecto y aún incluso aquellos que lo conocían, aún aquellos que podían tener la seguridad de que estaban en su pacto y que eh Dios los bendeciría, cuando tenían una visión de él, sentían un profundo temor y pensaban que iban a morir en ese instante porque la presencia de Dios es temible. Por tanto, tenerle como enemigo es verdaderamente terrorífico, pero sin embargo, esa es nuestra condición natural de todos. Según venimos a este mundo, lo que hay es una enemistad con Dios y por tanto, Dios también está contra nosotros. Es lo que significa que Dios eh tenga ira sobre nuestras cabezas continuamente. No estamos bajo su ira de forma natural. Esa es eh nuestro estado y nuestra condición. Pero esto molesta. Leer estas cosas molestan, son incómodas. nos gustaría mejor leer un Juan 3:16, ¿no? Porque de tal manera amó Dios al mundo y todo eso y y y es cierto, es lo es igual de cierto que esto y es igual de buen texto que este. Pero, ¿por qué nos molesta leer estas cosas acerca de Dios? Yo creo que es porque no entendemos la magnitud y el mal del pecado y porque tampoco entendemos la bondad, la misericordia, la justicia de Dios y sobre todo la repulsión que él siente hacia todo tipo de mal. Nosotros nos creemos que Dios es como nosotros. Vemos algo malo o hacemos algo malo y decimos, “Bueno, no es para tanto. Lo podemos pasar de largo.” Dios no es así. No nos hagamos esa falsa idea. Dios no soporta ningún tipo de mal. Si si nos soporta a nosotros es porque tiene mucha paciencia, pero no lo tolera. La cruz es la explicación más evidente de que Dios no soporta el pecado. Por tanto, yo creo que esa es la molestia en nuestro corazón cuando leemos este tipo de cosas. Es que este Dios es demasiado severo, es demasiado justo. Es que si no fuese un Dios justo y severo, casi prefiero no tener ese Dios. No prefiero tener ninguno, porque si Dios no es justo ni severo, entonces yo quiere decir que bueno, aquí todo vale y cada uno a lo suyo. No hay justicia por ningún lado, ni en mi propia vida ni en la de otros, por supuesto. No puedo esperar ningún tipo de acto de justicia de nadie, a lo mejor de la de mi propia mano y aún así, vete a saber lo que lo que hago, ¿no? Pero esta es la primera lección, yo creo, que aprendemos en este texto, lo temible que es Dios. Tenemos que tener una visión de él verdaderamente como la escritura nos enseña. Y si alguno piensa, “Bueno, pero es que yo no veo que en el Nuevo Testamento Dios se manifieste así. Jesús no es así.” Bueno, solo te digo que vayas. Mira, en los evangelios lo puedes leer ya un poco, pero si te vas a Apocalipsis, allí aparece uno que dice que pisa el lagar del vino de la ira del Dios todopoderoso. Te pones a leer y resulta que es Jesús. O sea, que es él el que viene a emitir ese juicio final en toda la ira de Dios. Así que creo que a veces estamos descompensando un poco, ¿no?, la visión que tenemos de Dios. Él es ambas cosas, ni es una más y otra menos. debemos mantenerlo en ese equilibrio perfecto, ¿no? Ahora bien, si Dios es temible y es justo, ¿cuáles son las consecuencias de sus juicios? ¿Cuáles son las consecuencias de sus castigos? Que lo vemos también en esta porción. Fijaos que en primer lugar el juicio de Dios se derrama sobre todas las instituciones, los reyes, los sacerdotes y los profetas, que dicho de otra manera, eran todas las instituciones que había en el pueblo de Israel antiguamente. Hoy a lo mejor podríamos decir el ministerio de tal, el ministerio de cual, el partido tal o el de la oposición. Pero en este entonces así es como se gobernaba Israel. Había reyes que gobernaban en lo político, había sacerdotes que gobernaban, podemos decir, ¿no?, dentro del ámbito eh ritual del templo. Y había profetas que no es que gobernaran como tal, pero hablaban la palabra de Dios al pueblo para que corrigiesen sus caminos, para que andasen conforme a su voluntad y su ira se derrama sobre todos ellos. Aquí Jeremías está lamentando que ya no hay reyes, que tu ira, en tu ira has desechado al rey y al sacerdote, que los profetas no profetizaron la verdad al pueblo, sino que los desviaron cada uno por su propio camino. Incluso ni siquiera el templo de Dios está allá más, está destruido. El altar Dios lo ha menospreciado. Él se ha marchado de allí. Dios no está con ellos en aquel templo. Todo está hundido. Allí no hay absolutamente nada ni nadie. Dios se deshace de su templo, fijaos, sin ningún problema. No le preocupa demasiado, entendedme como estoy eh conversando y hablando, ¿no? Pero él no está retenido ni secuestrado por su pueblo allí. No lo tienen como un reén en ese altar ni en ese templo. En el momento en que Dios dice, “Se acabó,” se va del templo, retira su gloria de allí y allí que pase lo que tenga que pasar y las piedras caen y todo se hunde y fuego por todas partes y muerte incluso, ¿no? Por tanto, esto lo que nos enseña es que su presencia allí estaba supeditada a la obediencia que ellos tenían al pacto que Dios había hecho con ellos. De hecho, eh, no hace falta que lo busquéis, pero voy a leer unos textos que nos van a hacer entender un poco esto. Uno de ellos está en Deuteronomio, en el capítulo 28. Y allí, fijaos lo que les dijo Dios hace tanto tiempo, cuando todavía no tenían un templo, sino que tenían un tabernáculo, les dice, “Por cuanto no serviste al Señor tu Dios con alegría y con gozo de corazón, por la abundancia de todas las cosas, servirás, por tanto, a tus enemigos, que envíe el Señor contra ti con hambre y con sed, y con desnudez, y con falta de todas las cosas, y él pondrá yugo de hierro sobre tu cuello hasta destruirte. El Señor traerá contra ti una nación de lejos, del extremo de la tierra, que vuele como águila, nación cuya lengua no entiendes, gente fiera de rostro que no tendrá respeto al anciano ni perdonará al niño, y comerá el fruto de tu de tu bestia y el fruto de tu tierra hasta que perezcas. Y no te dejará grano ni mosto, ni aceite, ni la cría de tus vacas, ni los rebaños de tus ovejas hasta destruirte. Pondrás sitio a tus ciudades hasta que caigan tus muros altos y fortificados en que tú confías en toda tu tierra. Sitiá, pues, todas tus ciudades y toda la tierra que el Señor tu Dios te hubiere dado. O sea, hace ya mucho tiempo ya les había avisado, si vosotros os vais de mi de la obediencia a mi pacto, se acabó. Yo traeré a vuestros propios enemigos y aquí habrá hambre, guerra, pestilencia y de todo, ¿no? O sea, se lo ha dicho. O sea, que Dios lo que está haciendo aquí en el libro de Jeremías en Lamentaciones es cumplir esta palabra. Pero también hay otro texto e en el primer libro de Reyes, capítulo 9 y allí, desde el versículo 6 les dirá Dios, pero si obstinadamente os apartáis de mí vosotros y vuestros hijos, y no guardáis mis mandamientos y mis estatutos que yo he puesto delante de vosotros, sino que vais y servís a dioses ajenos y los adoráis. Yo cortaré a Israel de sobre la faz de la tierra que les he entregado. Y esta casa, es decir, este templo que es santificado a mi nombre, yo lo echaré de delante de mí e Israel será por proverbio y refrán a todos los pueblos. Y esta casa que estaba en estima, cualquiera que pase por ella se asombrará y se burlará y dirá, “¿Por qué ha hecho así el Señor a esta tierra y a esta casa?” Y dirán, “Por cuanto dejaron al Señor su Dios, que había sacado a sus padres de tierra de Egipto, y echaron mano a dioses ajenos y los adoraron y los sirvieron. Por eso el Señor ha traído sobre ellos este mal.” Por tanto, nos encanta decir que Dios cumple su palabra y es verdad y mira si la cumple también para mal. Lo había dicho, lo había avisado. Quien avisa no es traidor. No suelen decir, “Pues desde luego que Dios no los está traicionando.” Ya se lo había dejado claro. Este templo, estos muros, todas estas cosas en las que confiáis. Si me dejáis a mí y servís a otros dioses y os obcecáis en eso, todo se vendrá abajo, todo será destruido. Yo lo desecharé. Y es lo que está aquí haciendo el Señor. Por tanto, eso nos da una lección a nosotros, que nuestra alegría y nuestra esperanza deberían estar solo puestas en Dios. No deberían estar puestas ni en este templo ni en aquel templo. No deberían estar puestas ni en este ministro ni en otro ministro del evangelio. No deberían estar puestas ni en este pastor ni en este otro. No deberían estar ni en esta capacidad, ni en esta fuerza, ni poder que yo tengo, ni en el otro. Porque todo eso Dios lo puede destruir de un momento a otro si nosotros no adoramos solo su nombre, si otros son nuestros dioses, si otras cosas son nuestros ídolos, Dios es celoso en ese aspecto. Él solo desea que su pueblo lo adore y lo ame a él de todo corazón. Por tanto, fijaos que aquí no solo se se quedaron sin templo, sino también los profetas profetizaban mentira y desbaríos. Es un gran juicio que Dios nos quite su palabra, pero hay un juicio peor que este, que no nos quite su palabra, pero no nos dé ni sabiduría ni entendimiento para entender lo que su palabra nos tiene que decir, sino que la tomemos como base y fundamento para inventarnos lo que nosotros creemos que Dios nos dice. Y esto fue el problema de los profetas. No profetizaban en el nombre del Señor verdaderamente. Ellos profetizaban de sus desvaríos, de sus locuras. No le decían al pueblo, “Oye, tenéis que apartaros de aquí.” No, no, vosotros tranquilos, hay paz. El Señor está con nosotros. El Señor está en el templo. No nos va a permitir morir ni que los enemigos se triunfen sobre nosotros. Ah, no, pues aquí lo tienes. Y eso puede pasar también con nosotros, que tomemos su palabra, pero no tengamos el entendimiento de comprender qué nos dice y nos inventemos nosotros. Ah, mira, esta es la promesa del Señor y la aplicamos a lo que nos apetece. Eso no funciona así. De hecho, si pensáis que es una cosa que solo pasaba con Jeremías en su tiempo, para nada. Nos encontramos de repente a Jesús en los evangelios y por poner solo un ejemplo nada más, allí están los fariseos diciendo, “No, no es que aunque el mandamiento diga honra a tu padre y a tu madre, si yo digo que es ofrenda a Dios todo lo que puedo tener para ayudar a mi padre y a mi madre, entonces ya no tengo que honrar a mi padre y a mi madre.” Y Jesús le dice, “Vosotros, por vuestra tradición estáis invalidando la palabra de Dios.” ¿Qué es esto? ¿Cómo que es tu ofrenda a Dios y entonces no tienes que honrar a tu padre y a tu madre? Eso es tu tradición. La palabra del Señor dice una cosa, cúmplela, obedécela. Eso es, ¿no?, lo que a veces también nos pasa a nosotros. Además, el juicio de Dios, entre otras circunstancias, puede incluir, por ejemplo, que nuestras necesidades temporales dejen de ser satisfechas. Miraos, no tenían comida para comer. Se murían incluso los niños. Es terrible. Los hogares de muchas personas allí estaban destruidos. La ciudad era un caos. Dios puede retirar su bendición en estas cosas como juicio suyo. También Dios puede juzgarnos a través de los propios enemigos y aquí lo hará. También traerá a los enemigos de Israel de una tierra muy lejana y los destruirá por medio de ellos. Será la espada del Señor de alguna manera. Él juzgará después a los enemigos, pero por ahora están siendo usados por Dios para juzgar también a su propio pueblo. Por tanto, los enemigos de repente se enaltecen, se burlan, se ríen y no hay nadie que los libre. También esta es una consecuencia del juicio de Dios. Pero fijaos el lenguaje que utilizan estos enemigos. Devorémoslos. Ha llegado nuestro día. Este era el día que estábamos esperando. Ahora que están mal, ahora que Dios no les hace caso, ahora es nuestra oportunidad. Y nosotros podríamos decir, “Bueno, soy una persona pacífica. Que yo sepa no tengo enemigos por ningún sitio.” Bueno, puede ser, pero la escritura nos enseña algo interesante, tanto como seres individuales como pueblo de Dios. Y es que sí que tenemos enemigos, los tenemos. se llaman Satanás, uno, otro se llama el pecado, otro se llama el mundo y hay un último enemigo, la muerte. Todos esos son nuestros enemigos y todos estos se confabulan a una para hacer una cosa con nosotros y con la iglesia, destruirlos. Todos ellos, Satanás, el mundo, el pecado, la muerte, dicen, “Devorémoslos.” Ha llegado el momento el que estábamos esperando. Hemos estado sembrando todas estas malas semillas en sus corazones. Mira este que está ya a punto de caer. Vamos a devorarle. Vamos a por este que es un incrédulo ya casi. Vamos a arrasarle. Vamos a este, vamos al otro, vamos a esta iglesia. Vamos a destruirla por completo. Esos son nuestros enemigos. Y estábamos cantando antes, Castillo Fuerte es nuestro Dios, porque es la única esperanza que tenemos cuando todas nuestras fortalezas en este mundo sean derribadas. ¿Cuál será la única que se mantendrá en pie para sostenernos? Nuestro Dios. Él es nuestra muralla. Él es nuestro castillo. Él es a quien podemos correr y refugiarnos. Y ningún enemigo puede destruirlo. Solamente Dios. Y todos ellos, créeme, están ahora en este momento intentando de las suyas en nuestras vidas y en nuestra iglesia también. Pero no te pienses que esto es un asunto de como como una especie de obsesión con con las con los espíritus malignos. Qué va, si Satanás no le hace falta estar continuamente aquí, él llega o envía un secuaz suyo y dice, “Oye, siembra esto por aquí, ya vendremos cuando corresponda venir.” Y ya está. Y lo tiene todo hecho. No le hace falta estar aquí continuamente. Él lo hace y cuando ve que todo ha crecido, ha dicho, “Ahora esta es la nuestra. Por tanto, ¿cuál es nuestro llamado aquí según Jeremías? Ora, llora, suplica, gime por la misericordia de Dios. Oh, hija de Sion, vuélvete a tu Dios, llora, pide por la misericordia del Señor en medio de toda esta situación, en medio de todo este caos. Tú o yo o cualquiera de nosotros, si estamos en nuestros pecados, gime, llora, busca a Dios, no le dejes en paz hasta que él derrame sobre ti su misericordia sobre nuestra iglesia. Oh, Dios, derrama tu misericordia. No nos abandones. No nos dejes a nuestra propia forma y manera de entender las cosas. Si él nos abandona, somos como los que descienden a la muerte. No sabemos a dónde ir. No tenemos ni la más remota idea de a dónde conducirnos. nos vamos a engañar a nosotros mismos. Pero hay una última cosa en la que yo quiero meditar antes de terminar para no eh enrollarme mucho más, ¿no? Y es que os acordáis de lo que he dicho antes de de la historia de la salvación como una historia de conflictos, ¿no? Dios contra el mundo, Dios contra su pueblo. Y dije que este autor, James Adams, decía, ¿no?, que el último conflicto es el de Dios consigo mismo. Y es a donde quiero llegar ahora, ¿no? a esa cruz de Cristo Jesús, donde todo esto se resuelve, donde el amor y la justicia de Dios se besan, donde ambas comparecen y ambas son satisfechas. Fijaos que si esto sí me gustaría que lo leamos juntos en el libro o la carta a los romanos. Las hemos leído antes, pero quisiera retomarlo un momento para para enfocarnos de nuevo en esta última parte. en el capítulo 3 de Romanos a partir del versículo 22, al final del versículo 22, fijaos lo que dice y hasta adelante, hasta el 26. Romanos 3 del 22 B, o sea, 22 final hasta el 26 dice, “Porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación. por medio de la fe en su sangre para manifestar su justicia a causa de haber pasado por alto en su paciencia los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo y el que justifica al que es de la fe de Jesús. Es decir, en la cruz Dios tiene un conflicto consigo mismo porque su justicia demanda nuestro castigo y condenación. Él es justo. Nuestro pecado debe ser condenado, pero Dios no condena el pecado así en forma como, yo que sé, como si Dios pudiera extraer el pecado, vamos a decirlo así, y lo condenar al pecado. No, no. Al que condena es al que peca, a la persona que peca, que es el que tiene el pecado. Por tanto, debería condenarnos, pero también en su misericordia quiere librarnos de su propia condenación. ¿Cómo puedes hacer eso? ¿Cómo? ¿Cómo se te ocurre a ti que eso puede ser? Como no se nos ocurre, a Dios sí se le ocurrió y por eso en su plan estaba la cruz, porque en aquella cruz Dios está enfrentándose en primer lugar al mundo, porque es un mundo que aborrece a este que había venido. Judíos y gentiles. Los judíos de su parte, que eran los suyos, no le conocieron, lo entregaron a la muerte. Los gentiles, por parte de los romanos, allí están burlándose de él, enf llevándolo a la cruz y clavándolo allí. Pero Dios está enfrentándose a ese mundo que lo aborrece y va a perdonarlo por medio de esa cruz. Además, en la cruz Dios está enfrentando la estrategia maligna de Satanás, porque Satanás piensa, “Si yo destruyo a este, aquí el rey soy yo.” Pero lo que no sabe Satanás es que Jesús mismo va a destruirle por medio de su propia herramienta. Aquel que tiene la muerte va a serle arrebatada por la propia muerte del hijo de Dios. Y Satanás va a ser pisado en ese momento de tal forma que se cumplirá lo que le dijo a Adán y a Eva en el principio, que la descendencia de la mujer pisaría a la serpiente. Pero no solo eso, sino que también Dios está derrotando a nuestro pecado, como cargándolo sobre sí mismo, sobre sus propias espaldas. Jesús está soportando la condenación que nuestro pecado se merece en aquella cruz. Él está siendo propiciación por nuestros pecados, es decir, está apartando la ira de Dios de nosotros, pero él está soportándola en el en el lugar. Él está sufriendo esa maldición y ese castigo por nosotros. Por tanto, aquí hay una buena noticia para nosotros, porque si Dios estuvo contra Israel en aquel entonces y Dios está contra nosotros desde desde que nacemos, porque por naturaleza estamos separados de él, la cruz hace algo maravilloso. Dios ya no está en contra de nosotros. De hecho, por eso mismo él mandará a su hijo a la cruz, porque nos ama y no está en contra de nosotros. Fijaos lo que dice el capítulo 8 de Romanos. Desde el versículo 31 dice, “¿Qué pues diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?” El único que podía estar contra nosotros ya no está más contra nosotros. El único que de verdad sí podía enfurecerse contra nosotros y condenarnos justamente, él no ha querido hacerlo porque otro ha pagado por eso en nuestro lugar. Cristo Jesús. Por tanto, él ya no está contra nosotros. Porque el que no escatimonia su propio hijo, ¿cómo no nos dará con él también todas las cosas? Lo entregó por todos nosotros. Y todos estos enemigos que puedes ver aquí, eh, la tribulación, la angustia, la persecución, el hambre, la desnudez, todo eso no es la ira de Dios contra nosotros. Todo eso podrán ser usado por Dios. Sí, podrá disciplinarnos por medio de eso. Nadie sabe. Pero es una cosa que podemos tener clara. Dios no está más enojado con nosotros. Él está por nosotros. Ciertamente. Fijaos que aquel pueblo Israel por un tiempo, bastante tiempo, de hecho, estuvo sin templo, sin muros, con casas destruidas por todas partes. Una miseria. Aquello era horroroso. Y es verdad que más tarde Dios se compadecerá de su pueblo y vendrán Esdras, Nehemías, todos aquellos, ¿no? Restituirán otra vez el muro, el templo, aunque no será como el primero. Sin embargo, nosotros tenemos una esperanza aún mayor, porque hay muchos del pueblo de Dios que nunca vieron ese templo y que nunca vieron ese muro. Por tanto, ¿qué? Dios los despojó, dijo, “Bueno, tú no te mereces ver esto. Solo el tiempo que vivió esta gente dio la gloria. O es que es otra cosa, porque dirá a Hebreos que tanto Dios, perdón, tanto Abraham como Isaac, como Jacob, no llegaron a ver nada de la tierra prometida, pero dice que tenían otra esperanza mayor. Tenían la esperanza de una ciudad, de que Dios les construiría y les daría una ciudad. ¿Y cuál es esa ciudad? Si me acompañáis a Apocalipsis capítulo 21, terminamos aquí. Es lo que leía antes e Santi, ¿no? Pero dice en el versículo 10 del capítulo 21 que Juan fue llevado en el espíritu a un monte grande y alto y que le mostró la gran ciudad santa de Jerusalén que descendía del cielo, la ciudad de Dios, teniendo la gloria de Dios. Y su fulgor era semejante al de una piedra preciosísima, como piedra de jaspe, diáfana como el cristal. Y fíjate el muro que tiene, un muro grande y alto con 12 puertas. y las y en las puertas 12 ángeles y nombres inscritos que son las 12 tribus de los hijos de Israel. Tú dime a qué enemigo se le puede ocurrir destruir un muro grande y alto con 12 ángeles en cada puerta. Que se atreva a ver qué va a conseguir. Nada. Pero fijaos lo que sigue diciendo en el 22. Y no vi en ella templo. No había templo porque el Señor Dios todopoderoso es el templo de ella y el cordero. O sea, que por un lado el muro maravilloso, por el otro lado el templo increíble, es Dios mismo y el cordero. Y luego, además, no tiene ni necesidad de sol ni de luna porque la gloria de Dios mismo ilumina aquella ciudad. Y fijaos, los reyes de la tierra traerán su gloria y su honor a ella. Sus puertas nunca serán cerradas. O sea, ¿por qué? Porque las puertas se cierran para que los enemigos no entren. Porque allí no habrá noche, no habrá peligro en la oscuridad. Nadie vendrá a destruir a nadie en ese lugar. Pero no entrará tampoco en ella cosa inmunda, ni que hace abominación ni mentira, sino solamente los que están inscritos en el libro de la vida del cordero. Por tanto, Jesús finalmente destruirá el último enemigo, la muerte. Y aquel día, aquel día ya no habrá ni más muerte, ni más llanto, ni más dolor, ni más maldición, porque todas esas cosas se habrán acabado. Porque Cristo Jesús al tercer día resucitó de entre los muertos. Y ese día él venció ya sobre la muerte. Y alguno me puede decir, “Pero yo todavía tengo que morirme.” Sí, pero tu muerte ni la mía si creemos en Cristo Jesús, es más ya un castigo de Dios. Ya no es un castigo, es solo un paso. Un paso a qué? a estar para siempre con Cristo Jesús. La muerte ya no tiene el poder sobre nosotros. Moriremos, es verdad. Pero en cuanto muramos, ni Satanás, ni la muerte, ni el pecado podrán decir, “Este es mío.” No, perdona. Allí estará nuestro abogado Cristo Jesús. Y él le dirá al que nos acusa, “Este es mío. Este es mío. Yo pagué por él. Yo destruí la muerte. Yo destruí el pecado, yo destruí todas las cosas que a él lo tenían atado. Este es mío, está escrito en mi libro. Pero para eso debemos confiar en Cristo Jesús. No nos pide más. No tenemos que hacer grandes sacrificios. No tenemos que pagar a nadie. No necesitamos ningún otro mediador. Solo necesitamos confiar. Eso es lo que la fe significa en que Cristo Jesús nos puede salvar, nos puede perdonar, puede quitar el pecado, la ira de Dios sobre nosotros y a darnos acceso y entrada a esa gran ciudad, la ciudad de Dios. Una ciudad que no tendrá nada que ver con esta Jerusalén de Jeremías. Aquella ciudad jamás arderá, jamás tendrá destrucción por ningún lado. Y esa es la ciudad que Dios ha preparado para aquellos que le aman. Si me permitís, voy a hacer una breve oración rogándole al Señor que nos ayude. Padre celestial, venimos ante ti confesando toda nuestra maldad, sabiendo, siendo conscientes de que nuestro pecado nos aleja de ti, nos separa, que merecemos, Señor, toda la justicia y la ira que tú tengas contra nosotros y nuestra maldad. Pero Señor, venimos ante ti confiados, no en nuestro poder, no en nuestras capacidades, no en este o cuál pastor que predica la palabra, no en este templo o en otro, no en este profeta o el otro. Todas esas cosas son de alguna manera, Señor, nada en comparación con quién eres tú. Y si tenemos un rey, un sacerdote y un profeta al que amamos y veneramos, ese es Cristo Jesús. Señor, nosotros hoy nos ponemos ante ti y te suplicamos que nos perdones por la cantidad de veces que hemos cometido pecado contra ti por nuestra rebelión y por nuestra idolatría, por todo aquello y aquellos a los que hemos adorado que no eran tú. Señor, todavía a día de hoy sufrimos las consecuencias de adorar a ídolos, de adorar a otros dioses que no son tú. Perdónanos, Señor. Ten misericordia de nosotros y danos ese acceso libre, amplio a esa gran ciudad que tú has preparado, a ese lugar que estás preparando para nosotros, oh Jesús, moradas para nosotros en los que podamos estar contigo para siempre. Y Señor, mientras estamos en este mundo, ayúdanos contra los enemigos del alma, contra el pecado, contra la muerte misma, contra el contra sus huestes. Danos ayuda, Señor. Ayúdanos a mantenernos cerca de ti y a cantar en nuestros corazones que él no nos podrá vencer porque él ya está derrotado por tu palabra. Señor, nos aferramos a aquella cruz a cuyos pies vemos a nuestro Salvador sangrante, sabiendo que él padeció en nuestro lugar y que tú condenaste al pecado en la carne, no en la nuestra, sino en la suya. Y que él padeció por amor a nosotros voluntariamente, que lo sufrió para que nosotros no seamos más ni castigados, ni condenados, ni haya ira para nosotros. Te amamos, Señor. Te amamos por lo que has hecho por nosotros y te suplicamos que esto sea una realidad, una realidad en nuestras vidas, en la vida de esta iglesia. Te rogamos, oh Dios, por esta ciudad. Te pedimos por estas calles. Te rogamos incluso por nuestras familias, por nuestros amigos, por tantas personas, Señor, que no conocen quién eres y que justamente están bajo tu ira. Oh, Dios, ten compasión. Perdónalos porque no saben lo que hacen. Líbralos, oh Dios. Llévalos a la cruz de Cristo. Que vean en esa gran visión lo que él ha hecho por nosotros. Que su que tu amor sea derramado en ellos por tu Santo Espíritu. Que tengas a bien, Señor, avivar esta iglesia y salvar a muchos en este lugar y en nuestras vidas. Te lo pedimos por el nombre de Jesús, para su gloria para que él sea enaltecido como el salvador de todos los hombres. Amén. Bien, todos los que estamos aquí eh somos de casa ya. Eh no nos visita nadie por primera vez, eh también te damos la bienvenida a Ronald. Eh pero hoy es el último domingo de una persona muy especial. Eh, le voy a pedir a mi suegra Juanita, si puede pasar al frente también a mi esposa. Tú también, tú también se hace la remolona. Pero si cantas aquí delante todos los domingos y te hacer la remolona para venir ahora aquí. Y le voy a pedir a mi madre también que venga y vamos a tener una oración porque ella eh se marcha ya el viernes. Mi suegra se marcha ya el viernes y bueno, pues para despedir eh esta despedirla y que bueno todavía nos queda la escuela dominical, pero para poder estar con ella y todavía nos queda hasta el viernes, pero bueno, vamos a tener esta oración. Señor, te damos muchísimas gracias por haber traído a Juanita durante casi un mes y damos las gracias porque ella es una bellísima mujer, persona, hermana en la fe. Yo ruego por ella, Señor, para que tú la cuides, la guardes y que su fe en ti crezca cada día, Señor. Protégela en la vuelta a Nicaragua, Señor. Guárdala de todo mal, de todo peligro y el maligno, Señor. Aviva esa fe que tengo en ti, Señor. Gracias por la oportunidad de haberla traído aquí todo este tiempo, Señor, porque ella es una hija preciosa para ti, Señor. Muchas gracias, Padre, en el nombre de Jesús. Y puestos en pie, hermanos, nos despedimos con las palabras de Hebreos, del autor de Hebreos, que dice así: Que el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, quien confirmó el pacto eterno por medio de su sangre, os haga aptos para toda buena obra buena, para que hagáis su voluntad, que él realice en vosotros por medio de Jesucristo, aquello que le agrada. A él sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén. 5 minutos para estar estirar las piernas y pasamos a la escuela dominical. [Música]
Culto del domingo 19 de octubre de 2025, a las 11:00 h, en directo, en iebsanse.com y en YouTube.